domingo, 20 de enero de 2008

Nociones básicas de Zizek como lector de Lacan

Por Osvaldo Blanco (año 2007)

1) Objet petit a

El “objeto petit a” o, simplemente, “objeto a”, es la formulación lacaniana del objeto de deseo. El “objeto a” está siempre perdido; todo lo que podemos hacer es dar vueltas alrededor de él. En “El Sublime Objeto de la Ideología”, Zizek vuelve análogo al “objeto a” con los Mac Guffin de las películas de Hitchcock (2003, passim). Estos últimos objetos únicamente importantes para los personajes de la película, no para la historia en sí. Un Mac Guffin siempre será un simple pretexto, un rodeo, la nada, un puro vacío, pero es también el elemento que sirve para que el argumento o acción de la película avance. Suelen ser papeles, documentos, microfilms, planos secretos o incluso una melodía en off. Repetimos: son de gran importancia para los protagonistas de la película –ocupan todo su tiempo buscando, ocultando, robando, matando por ellos–, pero no son importantes para el narrador, hasta el punto de que muchas veces ni se molesta en aclarar al espectador su contenido.

En tanto el Mac Guffin es un “objeto a” está ontológicamente marcado por la paradójica circunstancia de existir siempre y cuando nunca se alcance, nunca podamos aferrarnos a él, sea lo que fuese que hagamos para hacerlo. El “objeto a” no es una entidad “positiva”, en realidad no existe, sino que es un sesgo necesario para la fantasía del sujeto. No es algo dado de antemano, sino un objeto que se construye en la medida en que se busca alcanzarlo [1]. Esta característica propia del “objeto a” nos remite a la propia paradoja del deseo: la realización del deseo no consiste en ser satisfecho plenamente, sino que coincide con la reproducción del deseo como tal en un movimiento circular.

2) $ <> a

Es el matema de la fantasía. Es interesante entender que la fantasía aparece como un recorrido o escenario de búsqueda del “objeto a”. La fantasía designa la relación “imposible” del sujeto con el “objeto a”, el objeto causa de deseo. Se trata del guión de la persecución, del rodeo que hace al sujeto mientras persigue al “objeto a”. La fantasía no monta una escena donde el deseo es totalmente satisfecho (no se trata de una escena donde el “objeto a” es plenamente alcanzado), sino todo lo contrario.

La idea lacaniana del deseo es que éste, al no ser algo “positivamente” dado, se construye en el camino; el papel del fantasma en esto es “proporcionar las coordenadas del deseo del sujeto, especificar su objeto, situar la posición que el sujeto asume. Sólo a través del fantasma se constituye el sujeto como deseante: a través del fantasma aprendemos a desear” (Zizek, 2004b: 22).

La fantasía podemos pensarla como un espacio vacío, un hueco, un guión espacio temporal, una especie de pantalla de proyección de los deseos. La fascinante presencia de sus contenidos positivos no hace más que llenar cierto vacío (ídem: 25). Este hueco, este vacío, este lugar que no podemos ocupar es lo que Zizek denomina el “núcleo pre-ideológico de la ideología” (el “espectro”). Se trata del residuo que queda a partir de la acción realizada por el orden simbólico en su afán por hacerse cargo del antagonismo de lo Real. Como esta operación siempre falla, la “realidad”, tal ycomo la verdad, nunca está “completa”, por tanto, “lo que el espectro oculta no es la realidad, sino lo ‘primordialmente reprimido’ en ella, el X irrepresentable sobre cuya ‘represión’ se funda la realidad misma” (Zizek, 2003b: 32). De esta manera, el núcleo anterior a la ideología es un espectro que reprime algo de la realidad que no pudo ser simbolizado por el lenguaje.

Aquí es bueno entender la diferencia y complementación trazada por Zizek en su artículo “El espectro de la Ideología” entre el “espectro” y la “ficción simbólica”. Mientras la ficción simbólica es aquella realidad estructurada como relato (“construcción social de la realidad”), el espectro es el “resto” que no pudo ser simbolizado (lo Real), aquella parte de la realidad que queda sin simbolizar, sin ser parte del relato que es la ficción simbólica. Dicho de otra manera, “la realidad nunca es directamente ‘ella misma’, se presenta sólo a través de su simbolización incompleta/fracasada, y las apariciones espectrales emergen en esta misma brecha que separa para siempre la realidad de lo real, y a causa de la cual la realidad tiene el carácter de una ficción (simbólica): el espectro le da cuerpo a lo que escapa de la realidad (simbólicamente estructurada)” (ibíd: 31) [2].

3) Identidad

Decir que el significado es subsidiario del significante no es decirlo todo; de hecho el significante no puede decirlo todo. A partir de Lacan, el significante implica que no hay nunca una significación completa; podría decirse que para el hablante siempre falta un significante para poder significarlo todo. No hablamos de un significado total, sino que en cualquier dicho siempre algo se escapa a la significación.

En este sentido puede decirse que falta un significante. Falta que no se puede suturar ya que aun agregando un significante igual seguiría faltando. Esto equivale a decir que el significante segrega un resto que es lo insignificabilizable. Esto que falta, eso que el significante nunca podrá alcanzar es el “objeto a”.

Zizek, en “El sublime objeto de la ideología”, demuestra esto haciendo uso de la idea lacaniana del “desplazamiento de la cadena de significantes” y de la “retroactividad del significado” (2003: 125-150). La interpretación retroactiva del efecto de significación se basa en el proceso de deslizamiento de los significantes, es decir, del concepto de cadena de significantes, el cual presupone “uno de los principios básicos (y uno de los grandes descubrimientos) del estructuralismo saussureano; la afirmación de que el mensaje no consiste en una relación simple entre significante y significado, entre la materialidad del lenguaje, entre una palabra o un nombre y su referente o concepto. De acuerdo con esta nueva visión, el mensaje se genera en el movimiento de significante a significante: lo que generalmente denominamos significado —el mensaje o contenido conceptual de una expresión— tiene que ser considerado ahora como un efecto-mensaje, como el espejismo objetivo de significación generado y proyectado por la relación de los significantes entre sí” (Jameson, 1991: 47).

Pero lo más importante de todo es que mientras la cadena de significantes prosigue su curso, el significado siempre se queda atrás, rezagado. De esta manera, los espacios ideológicos se van diseñando a partir de elementos sin ligar, sin amarrar, significantes flotantes “cuya identidad está ‘abierta’, sobredeterminada por la articulación de los mismos en una cadena con otros elementos –es decir, su significación ‘literal’ depende de su plus de significación metafórico” (Zizek, op.cit.: 125). El ejercicio que hay que hacer es encontrar el significante que actúa como “punto nodal” –el Uno lacaniano– del deslizamiento infinito de significantes, es decir, “aquél término que los ‘acolcha’, detiene su deslizamiento y fija su significado” (ibíd.).

Este término único no tiene significado positivo, es imposible definirlo en sí mismo sin tener que definirlo usando otro significante. Es por eso que se trata de un significante sin significado que únicamente puede definirse a partir de ser el término vacío alrededor del cual giran todos los demás significantes. Un significante vacío, sin significado, que no obstante “acolcha” los significantes que flotan en la cadena de significantes.

4) Más allá de la Identificación

Designaremos dos operaciones que podemos vincular al rompimiento que pudiera hacer el sujeto respecto del orden simbólico. El primer lugar, podríamos dar el caso del esquizofrénico, donde Deleuze y Guattari están muy cercanos a Lacan si ponemos el problema del esquizo de la siguiente forma: si en Lacan el mensaje se genera en el movimiento de significante a significante, donde el “significado” es sólo una ilusión objetiva de significación generada y proyectada por la relación de los significantes entre sí, entonces el esquizofrénico será aquél que rompe dicha relación de encadenamiento. Cuando la cadena de significantes se quiebra estaríamos en presencia del acto subversivo del esquizo; la esquizofrenia es la voluntad de desechos de significantes distintos y no relacionados entre sí (mejor dicho, “no relacionados” respecto de la cadena de significantes impuesta por el orden simbólico).

En Zizek (2003), un papel distinto lo cumple el histérico quien no sólo no reconoce la identificación con el otro del orden simbólico sino que constantemente pone en jaque la interpelación ideológica (¿Che Voui?). El histérico no construye nada nuevo como el caso del esquizo, sino que simplemente se resiste a toda interpelación simbólica.

5) Marx y el síntoma

Cuando demandamos un objeto, su valor de uso (el hecho de que sirve para satisfacer alguna de nuestras necesidades) se transforma eo ipso en una forma de expresión de su valor de cambio; el objeto en cuestión funciona como índice de una red de relaciones inter-subjetivas. El propósito final de nuestra demanda de un objeto no es la satisfacción de la necesidad ligada a él, sino la confirmación de la actitud del ‘otro’ respecto de nosotros (Zizek, 2004b: 20). En esta idea se funda la distinción lacaniana entre la necesidad, la demanda y el deseo como forma en que un objeto cotidiano destinado a satisfacer alguna de nuestras necesidades sufre una transustanciación en cuanto apresada en la dialéctica de la demanda, y termina produciendo deseo.

6) El sujeto

El sujeto aparece como el vacío o falla de la operación simbólica sobre lo Real. El sujeto vive en el abismo de su libertad, un abismo de libertad que él mismo no puede controlar, en tanto lugar imposible de simbolización. Por ello, antes de la subjetivación y de cualquier interpelación ideológica, el sujeto no es una auto-presencia idealista pseudo-cartesiana. El sujeto es más bien la brecha misma en la estructura simbólica que la llamada interpelatoria trata de cerrar (Zizek, 2003; 2004a). Esto significa que el sujeto no está del todo en la enajenación ni atrapado en la interpelación ideológica (como en Althusser). En efecto, mientras en Althusser el sujeto es lo que “hace funcionar la ideología”, en el psicoanálisis lacaniano “el sujeto aparece donde fracasa la ideología” (Zizek, 2004a). El sujeto lacaniano está barrado ($) precisamente porque no es definido en su completitud por el orden simbólico, el orden del lenguaje.

7) Lo Real y el sueño

Remitimos ahora a otro pasaje de “El sublime objeto de la ideología”: Lacan, por medio de la leyenda del sueño de Chuag-Tsu que era una mariposa, parafrasea a la interpretación de Freud sobre el sueño de un padre al que se le muere su hijo y sueña que éste se le aparece reprochándole: “Padre, ¿no vez que me estoy quemando?”.

Todo esto con el objeto de señalar que despertamos del sueño no para “volver a la realidad”, sino que para “seguir soñando”. Despertamos de un sueño no para decir que “era sólo un sueño” y de que podemos volver tranquilos a nuestra sosegada realidad, sino que para escapar de lo Real (el sueño), escapar del goce obsceno y repulsivo soñado que es lo único que nos constituye como sujetos. En el sueño nos vemos cara a cara con lo Real y despertamos para seguir con nuestro sueño: la simbólica realidad. De esta forma, se puede entender la idea de que Chuang-Tsu sueña que es una mariposa y cuando despierta no sabe si dejó de ser mariposa o si es una mariposa que sueña que es Chuang-Tsu.

Bibliografía

JAMESON, Fredic (1991) "La ruptura de la cadena de significantes", en ensayos sobre el posmodernismo, H. Tarcus (comp.), Buenos Aires, Imago Mundi.

ZIZEK, Slavoj (2003): El sublime objeto de la ideología, Buenos Aires, Siglo XXI.

-------------- (2004a): “¿Lucha de clases o posmodernismo? ¡Sí, por favor!”, en Contingencia, hegemonía universalidad. Diálogos contemporáneos en la izquierda, FCE, Buenos Aires, pp.95-140.

-------------- (2004b): Mirando al sesgo. Una introducción a Jacques Lacan a través de la cultura popular, Buenos Aires, Paidós.

-------------- (2005) “El malestar en el fetichismo” en Actuel Marx, Nº 3, Santiago de Chile, Arcis – Lom, pp.89-101.

NOTAS

1) Creo que resulta interesante relacionar esto con el poder propio de las mercancías que Marx analiza el “El fetichismo de las mercancía y su secreto”.

2) En el pie de página Nº 27, Zizek señala: “Esta brecha que separa lo real de la realidad es lo que abre el espacio para lo performativo en su oposición a lo constatativo. Es decir, sin el excedente de lo real sobre la realidad que emerge bajo la forma de un espectro, la simbolización simplemente designaría, señalaría, algún contenido positivo en la realidad. En su dimensión más radical, lo performativo es el intento de conjugar lo real, de aburguesar el espectro que es el Otro: el ‘espectro’ es originalmente el Otro como tal, otro sujeto en el abismo de su libertad. Ejemplo clásico de Lacan: al decir ‘¡Eres mi esposa!’, obligo, constriño al Otro; intento que su abismo caiga en la trampa de la obligación simbólica” (ibíd).

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