“Implicancias de la confrontación Parsons-Lacan para la sociología”.
Por Osvaldo Blanco (año 2007)
Es interesante recorrer a ambos autores en torno a las categorías de sujeto, la cultura y la sociedad [1]. Respecto del “sujeto”, podemos señalar la siguiente hipótesis: mientras que desde Parsons no hay sujeto por fuera de la subjetivación (es decir, no hay actor que realice su acción sin una orientación normativa), en Lacan es precisamente todo lo contrario, esto es, sólo hay sujeto una vez que la norma, la regla moral (o dicho lacanianamente, “lo simbólico”) manifiesta su “falla”, la “falta” frente lo Real.
No obstante, no se trata de contraponer una lógica “interno-externo” para comprender el aporte de Lacan a lo que podríamos llamar una “sociología del sujeto”. No se trata de decir simplemente que el sujeto lacaniano como aquello que se da “por fuera” de la norma moral, sino que, muy por el contrario, en Lacan la “falla” de lo simbólico frente a lo Real es interna a lo simbólico o, dicho de otra forma, lo Real es la imposibilidad de lo simbólico, de la norma para constituirse positivamente. Esto nos lleva a sostener, desde Lacan, una hipótesis que polemiza y escandalizaría a más de una visión sociológica tradicional: la norma moral no existe pues contiene en sí misma, inmanentemente, su propia imposibilidad.
En un segundo plano, esta discusión nos lleva a un desarrollo de la cultura en ambos autores. Mientras para Parsons ésta es un subsistema que proporciona funciones específicas a los otros subsistemas (principalmente integración por la vía de las instituciones), en Lacan la cultura, el lenguaje o lo simbólico puede entenderse como aquella identidad rota –a veces, no siempre- por el “che-voui?” propio del histérico [2]. Cuando el esquizofrénico deleuziano o el histérico lacaniano quiebran el normal desplazamiento del discurso, simplemente la cultura se desnaturaliza pues ya no se encuentra un conjunto de creencias comúnmente compartidas que interpelen y constituyan sujetos. Obviamente, las consecuencias políticas referidas a la integración social y la interpelación de sujetos a partir de la norma moral están a la vista [3].
En tercer lugar, está el tema del estatuto del “objeto” de la sociología: el orden social. La tesis de este eje tiene que ver con la positivización del objeto de estudio de la disciplina. La pregunta que se plantea en este punto y que se pretende responder es: ¿cuánto del orden y la regularidad es de interés para la sociología hoy en día? Aceptando que siempre el orden y la regularidad es parte crucial de la disciplina, pretendo abrir una vertiente hacia su lado contrario: el desorden, la irregularidad o, mejor dicho, la imposibilidad de lo social.
Hago uso explícito de estos términos para que no se me confunda con la típica crítica hecha hacia Parsons: su incapacidad de hacer frente al cambio social. Mi mirada crítica hacia Parsons –y con ello hacia la sociología tradicional- no apunta a comprender si este importante intelectual de mitad del siglo XX realizó o no un aporte teórico para comprender el cambio y el devenir histórico de la sociedad. Mi intensión es criticar desde la base su concepción del “objeto sociológico”. Intento develar que el orden, la norma, la regularidad, es el sinthome de una exclusión más profunda o, dicho en otros términos, que la integración que asegura el orden social es el acto de represión del sujeto par excellence en nombre de la ficticia sociedad [4].
Planteo esto en estos términos debido a que mi preocupación por Lacan –así como de contraponerlo a Parsons- sintoniza con la idea de Zizek de ver en el psicoanalista francés la versión más radicalizada del sujeto moderno (el cogito cartesiano). Lacan es un moderno, un ilustrado, pero que se atreve a llegar al final del ciclo iniciado por Descartes, con las consecuencias que ello implica. Lacan lleva a la modernidad y al sujeto a su extremo, proceso basado en un sujeto y un orden social “barrados” que vuelven imposible la constitución de una imagen coherentemente, transparente y completa de sí mismos. Por el contrario, desde Parsons el sujeto y el orden social tenderían a un punto neutro de convergencia (aún cartesiano no radicalizado), manteniéndose en una visión moderada del actor social que suele hacer coincidir su voluntad con la de la orientación normativa.
Mientras en Parsons la sociedad es un objeto positivo, un sistema acabado que puede estudiarse por medio de la regularidad e interconexiones funcionales entre subsistemas de su estructura, en la perspectiva lacaniana la sociedad como comunidad acabada es Real-imposible, esto es, un objeto que existe sólo y en la medida en que se erige a partir de una falla, un antagonismo e imposibilidad de coherencia fundante.
Se trata entonces de llevar la crítica a Parson a un nuevo terreno: el psicoanálisis. Si bien Parsons usó al psicoanálisis, sólo lo hizo para reafirmar su núcleo kantiano, es decir, reafirmar un excesivo protagonismo del súper-yo como tope moral (juicio categórico) del agente regido e interpelado por la orientación normativa. En suma, Parsons lee al psicoanálisis sólo para justificar el súper-yo, entendiendo a la “cultura” como una simple interpelación superyoica. Muy por el contrario, para Lacan, hablar de cultura –y desde nosotros, hablar de “sociedad”- es hablar de un trauma, de una práctica que esconde el acto fallido que la constituye.La orientación normativa parsoniana es en el fondo la fantasía ($ <> a) ideológica que nos permite tener sociedad ...
... Parsons es el sociólogo del “fantasma” del poder hegemónico.
NOTAS
1) Me siento tentado también a incorporar una cuarta categoría que sirva de eje para la confrontación, a saber, “lo político”. En Parsons el desarrollo de lo político está establecido como subsistema, mientras que para desarrollar lo político desde Lacan estoy obligado a hacer uso de los aportes de Slavoj Zizek, Ernesto Laclau, Judith Butler, entre otros.
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