1.- Cuestiones previas
ü A continuación desarrollaremos notas tomadas de la lectura del acápite 6, del subcapítulo VIII de la segunda parte de “Economía y Sociedad”. El nombre del acápite en cuestión es “División del poder en la comunidad: Clases, estamentos y partidos”, pp. 682-694.
ü Comencemos diciendo que todo ordenamiento “jurídico” (y no sólo el “estatal”) posee una estructura que influye en la forma en que se distribuye el poder (económico, político y social) en la comunidad.
ü Esto implica que el poder (económico, político y social) se distribuirá en función de la arquitectura jurídica de una determinada comunidad. Ahí hay un punto importante: el orden jurídico sirve de base para encausar al poder[1].
ü PODER: probabilidad de que un hombre o un conjunto de hombres imponga su voluntad a otros en el seno de una acción o relación comunitaria.
ü La probabilidad de imponer la propia voluntad a otros es mayor mientras más fuerte y pronunciada es la arquitectura jurídica que la sostiene.
ü Weber también señala que el orden económico no es el “origen” del poder. Esto a diferencia de una perspectiva economicista desde donde se comprende que el origen del poder sería el monopolio económico.
o Por ejemplo: la propiedad de los medios de producción determina la posesión de poder político y social.
ü En cambio, para Weber, “el origen de un poder económico puede ser la consecuencia de un poder ya existente por otros motivos” (p. 683)
ü Además, el poder no se ambiciona única y exclusivamente con fines económicos. También hay poder por el honor social.
ü El simple poder monetario no implica necesariamente honor social. De hecho, puede ser que el poder social (honor social) puede convertirse en la base del poder económico.
ü “El orden jurídico puede garantizar tanto el poder como la existencia del honor” (p. 683).
o Sin embargo, el orden jurídico no es el origen del honor social, pero sí un suplemento que aumenta las probabilidades de su posesión, sin por ello asegurarla.
ü ORDEN SOCIAL: forma en que se distribuye el “honor social” dentro de una comunidad. Está en relación con el “orden jurídico” de una forma análoga a como lo está con el “orden económico”.
ü Con ello, Weber quiere decir que existe diferencia entre estos tres tipos de órdenes sociales dentro de una determinada comunidad.
ü Los grupos que compiten por el poder dentro de cada uno de estos tres órdenes son las clases, los partidos y los grupos estamentales.
ü No son “comunidades”[2], sino que actúan en el seno de ellas. En suma, las clases representan bases posibles para una acción comunitaria.
ü Se habla de clase cuando: 1) es común a cierto número de hombres una misma forma de asegurar la existencia personal y de los suyos; 2) esta manera de asegurarse la existencia está dada por intereses lucrativos y de posesión de bienes; 3) en condiciones determinadas por el mercado de bienes o de trabajo (situaciones de clase), por tanto, las situaciones de clase establecen formas de asegurar la existencia individual y familiar.
ü Ahora bien, el lugar donde las clases determinan estas probabilidades de existencia es el mercado[3].
ü Tal y como señala Weber:
“Constituye el hecho económico más elemental que la forma en que se halla distribuido el poder de posesión sobre bienes en el seno de una multiplicidad de hombres que se encuentran y compiten en el mercado con finalidades de cambio crea por sí misma probabilidades específicas de existencia” (p. 683).
ü El mercado es el espacio social donde se da la lucha del orden económico. El mercado es un espacio de competencia de unos con otros:
“(…) excluye a los no poseedores de todos los bienes más apreciados a favor de los poseedores, y monopoliza de hecho su adquisición por estos últimos” (p.683).
ü El mercado monopoliza las probabilidades de ganancia a favor de los que no tienen necesidad de intercambio (al ya estar provistos de bienes), aumentando su poder en desmedro de los que no poseen bienes y están obligados a ofrecer su trabajo a cualquier precio con tal de ganarse el sustento.
ü El mercado puede ser, en teoría, formalmente “libre”. Sin embargo, suele constituirse sobre la base del monopolio realizado por parte de los propietarios de patrimonio, permitiéndole la probabilidad de convertir su patrimonio en “capital”, es decir, lucro (tal y como Weber entiende este término).
ü De esta forma, la posesión y no posesión son las dos categorías fundamentales de toda situación de clase.
ü El tipo de bien que se posea (viviendas, tierras, talleres, minas, ganado, etc., es decir, cualquier bien convertible en dinero) determina posiciones de clase, así como el “sentido” que dan al aprovechamiento de sus bienes.
ü Por lo tanto, la clase implica un término que remite a las probabilidades que se tienen en el mercado, la cual condiciona el destino del individuo y de los suyos.
ü Debido a la intrínseca relación entre clase y mercado, Weber sostiene que la “situación de clase” se debe entender como “situación en el mercado” o, dicho de otra forma, la situación de clase implicará las probabilidades de valorizar sus bienes y servicios en el mercado.
ü Es decir, las clases “(…) son intereses unívocamente económicos, intereses vinculadas a la existencia del “mercado” los que producen la ‘clase’” (p. 684)
ü En este punto, Weber empieza a problematizar en torno a la idea de “interés de clase” o, dicho en otros términos, empieza a tratar de resolver la pregunta respecto de si las clases, en tanto fenómeno puramente económico, pueden desarrollar “intereses” que las mantengas organizadas.
ü Para Weber, el concepto de interés de clase sólo debe referirse al interés orientado por la posición de clase por parte de un número promedio de personas que comparten dicha posición en el mercado.
ü Incluso, Weber señala que la calificación puede llegar a ser un factor importante para dar cuenta del interés de clase:
“dada la misma posición de clase y aun las mismas circunstancias, la dirección en la cual cada trabajador persigue su interés puede ser muy diferente según esté, en virtud de sus aptitudes, alta, mediana o pésimamente calificado para la obra que tiene que realizar” (p. 685).
ü Lo mismo sucede respecto de si el individuo está aislado o en grupo: el interés de clase también está determinado por la situación de clase que lleva a la acción de un número amplio [desorganizado] de personas en la misma situación de clase, o bien una acción llevada a cabo por una asociación (por ejemplo, un sindicato).
ü Sin embargo, Weber insiste en que no necesariamente una posición común de clase lleva a una socialización o, incluso, a una acción comunitaria.
ü Por lo general, la relación entre el interés de clase y la situación de clase es sólo la de una acción homogénea y, por lo tanto, mera acción de masas.
o Políticamente hablando, Weber (en distintas partes de “Economía y Sociedad”) señala que la masa –y especialmente la democracia de masas – implica el predominio de elementos emocionales e irracionales.
o La masa como tal, e independiente de las capas sociales involucradas, sólo “piensan hasta pasado mañana” (p. 1116). Por tanto, no hay un proyecto político maduro y consolidado en la racionalidad de la masa.
o Así, las masas sólo dan vida a acción comunitarias amorfas.
ü Sólo en casos excepcionales el interés de clase dado por una determinada situación de clases dan vida a una acción comunitaria.
ü Estos casos excepcionales están relacionados con altos grados de inteligencia y conciencia.
“La proporción en que, por la “acción de masas” de los pertenecientes a una clase, se origina una “acción comunitaria” y eventualmente ciertas “socializaciones”, depende de condiciones culturales, especialmente de tipo intelectual, y de la intensidad alcanzada por los contrastes, así como especialmente la claridad que revela la relación existente entre los fundamentos y las consecuencias de la “situación de clase”.
WEBER, 2008: 685.
ü En dichos casos excepcionales, donde los hombres en una misma situación de clase dejan de ver su situación de clase como algo que se debe aceptar sin cuestionamientos, se da un proceso de toma de conciencia que Weber especifica en 2 puntos: 1) La situación de clase es un resultado de la forma como se distribuye desigualmente los bienes; 2) la situación de clase como resultado de la organización de la estructura económica.
ü Los intereses de clase que toman conciencia de estos temas y asumen una acción de reacción crítica no pueden basarse en actos de protesta intermitentes e irracionales, sino en forma de una asociación racional. Por tanto, toda clase puede protagonizar una “acción de clase”, pero sólo si se dan estos procesos de toma de conciencia y organización racional.
ü Es un equívoco equiparar las clases con las comunidades, puesto que esta última implica “intereses” que no son estrictamente de clase (mercado).
ü Para Weber, el hecho que los hombres que pertenecen a una misma situación de clase y reaccionan frente a determinadas situaciones económicas mediante una “acción de masas” es algo que no justifica el empleo del término “intereses de clase”.
ü Esto porque para Weber los intereses de clase implican algo más allá de la acción de masas; implica una conciencia y organización clasista.
ü Ahora bien, si las clases no son por sí mismas comunidades, las situaciones de clase surgen sobre el suelo de comunidades (p. 686).
o Es decir, dentro de las comunidades se dan las relaciones de mercado y esto es así porque no podemos confundir “comunidades” con “estamentos”.
o Las comunidades implican sentido de pertenencia, pero no son un estamento: al interior de las comunidades hay también relaciones de dominación de unos sobre otros.
o En otros términos, mientras que por estamentos[4] se entiende un grupo internamente homogéneo, la comunidad es un conjunto humano internamente heterogéneo con un fuerte sentimiento de pertenencia en sus miembros.
ü Por lo tanto, la acción comunitaria que da origen a las situaciones de clases no es una acción realizada por los pertenecientes a la misma clase, sino a una acción entre miembros de distintas clases.
“Las acciones comunitarias que, por ejemplo, determinan de un modo inmediato la situación de clase de los trabajadores y de los empresarios son las siguientes: el mercado de trabajo, el mercado de bienes y la “explotación” capitalista” (p. 686).
ü La explotación capitalista presupone la existencia de una acción comunitaria que proteja la posesión de bienes en cuanto tal y el poder (en principio libre) que tienen los individuos de disponer de los medios de producción. Vale decir, supone una ordenación jurídica[5].
ü Es decir, ante todo, la ordenación jurídica es para Weber una primera forma de distribución del poder. De hecho, para que el poder económico empiece a ser el centro del poder en una determinada relación social, es preciso que cualquier otra forma de poder (social o jurídico/político) deje de ejercer su influencia.
ü Al respecto, Weber señala:
“(…) “Toda posición de clase basada ante todo en el poder que otorga la posesión en cuanto tal, surte efecto cuando han quedado descartados en lo posible todos los demás motivos determinantes de las relaciones recíprocas. De este modo, alcanza su máxima consecuencia la valoración en el mercado del poder otorgado por la posesión de bienes” (p. 686).
ü Para Weber, las luchas de clases de la antigüedad eran luchas entre situaciones de clase entre campesinos y artesanos deudores y acreedores ricos de las ciudades. En cambio, la lucha de clases actual se ha trasladado al campo del mercado: competencia en el mercado de bienes y también lucha de precios en el mercado de trabajo.
ü Actualmente no son los rentistas, los accionistas o los banqueros los que chocan con los reclamos de los trabajadores. Según Weber, son los fabricantes y directores de empresas mismos los que son “considerados como los enemigos directos en la lucha por los salarios. Este simple hecho ha sido con frecuencia decisivo para el papel desempeñado por la posición de clase en la formación de los partidos políticos” (p. 687).
ü Esto implica que el capitalismo que analiza Weber está marcado por la explotación capitalista, cuestión íntimamente ligada al capitalismo industrial, el del taller capitalista del cual habla Marx.
3.- Estamentos
ü En posición a las clases, los estamentos son normalmente comunidades.
ü Si la situación de clases está condicionada por “motivos” puramente económicos, la situación estamental es aquella situación que permite la reproducción del destino vital única y exclusivamente por el honor social adscrito a alguna cualidad.
ü Ambos “tipos” pueden combinarse, aunque no de forma necesaria: “(…) las diferencias de clase pueden combinarse con las más diversas diferencias estamentales y, tal como hemos observado, la posesión de bienes en cuanto tal no es siempre suficiente, pero con extraordinaria frecuencia llega a tener a la larga importancia para el estamento” (p. 687).
ü La democracia moderna rechaza cualquier tipo de privilegios adscriptivo de tipo estamental conferidos a los individuos. Esto porque los estamentos constituye un obstáculo para la consecuent6e realización del principio estricto del mercado[6].
ü El “contenido” del honor social tiene que ver con la exigencia de seguir un determinado modo de vida, el cual debe ser seguido por todo aquél que quiera pertenecer al estamento. Se trata de la vida social, distinta a la económica o comercial, que conforma lazos comunitarios, tal y como hemos definido este último término.
ü Cuando un determinado modo de vida llega a un estado extremo de aislamiento y de separación del grupo respecto de los otros, estamos frente a una “casta” cerrada.
ü Para Weber, por lo general, la casta está relacionada con la “etnia”:
“la casta es precisamente la forma normal en que suelen “socializarse” las comunidades étnicas que creen en el parentesco de sangre y que excluyen el trato social y el matrimonio con los miembros de comunidades exteriores” (p. 689).
ü La separación en estamentos implica un monopolio de bienes materiales exclusivos. Por ejemplo: rasgos de honor tales como el uso de determinada indumentaria, el probar determinado tipo de alimentos negados a los otros, el privilegio de llevar armas, derecho a practicas ciertas artes no con fines lucrativos sino por sí mismas (música, pintura, etc.). En fin, es muy amplia la serie de monopolios materiales que puede llegar a gozar un determinado estamento.
ü Por esta relación entre el modo de vida y el honor social que dicho estilo de vida conlleva, los grupos estamentales –en especial los más favorecidos y monopolizadores- luchan por mantener las convenciones y órdenes sociales que los privilegian.
ü Nótese aquí que Weber no liga únicamente al estamento con el monopolio, puesto que sólo algunas veces los grupos estamentales son monopolios en el sentido de acaparar bienes y servicios exclusivos.
ü En efecto, según Weber los estamentos también pueden ser grupos estamentales negativamente privilegiados. El punto central es que el estamento cree adscriptivamente en cualidades que lo caracterizan de forma exclusiva.
ü Tal y como señala Weber:
“Lo único que acontece es que en los estamentos negativamente privilegiados, el “sentimiento de dignidad” – el resultado del honor social y de las exigencias convencionales que el estamento positivamente privilegiado impone al modo de vida de sus miembros– toma una dirección específicamente distinta. El sentimiento de dignidad correspondiente a los estamentos privilegiados en sentido positivo se refiere normalmente a su “existencia” en cuanto no trasciende de sí misma, a su “belleza y virtud” (…) Su reino es “de este mundo” y vive para el presente y del glorioso pasado. El sentimiento de dignidad propio de las capas negativamente privilegiadas puede referirse normalmente a un futuro situado más allá del presente, perteneciente a este mundo o a otro. En otros términos, debe nutrirse de la fe en una “misión” providencial, en un honor específico adquirido ante Dios en cuanto “pueblo elegido”, de suerte que en un más allá “los últimos sean los primeros” o en este mismo mundo aparezca un redentor que haga resaltar ante el mundo el honor oculto del pueblo (…) que el mundo rechaza (…)” (p. 689-690).
ü Por lo mismo, Weber sostiene que toda “estilización” de la vida –no importando el tipo de manifestación que dicha estilización provoque – tiene su origen en la existencia de un estamento o bien es conservada por él.
ü Para los estamentos, y en especial para los grupos estamentales positivamente privilegiados, el trabajo –y especialmente el trabajo físico – constituye un rebajamiento.
ü De hecho, muchos de los grupos estamentales positivamente privilegiados vieron a las actividades industriales y “lucrativas” (Tal y como Weber entiende este término) como denigrantes.
ü Este es otro elemento que le permite a Weber sostener que los estamentos buscan la mantención del “orden social” y de su posición a la regulación puramente económica.
ü Esto porque el mercado y los procesos económicos implican sólo intereses materiales”, vale decir, nada sabe del honor.
ü El orden estamental “resulta amenazado en su raíz misma cuando la mera adquisición económica y el poder puramente económico (…) pueden otorgar el mismo “honor” a quienes los han conseguido, o pueden inclusive –ya que, en igualdad de honor estamental, la posesión de bienes representa siempre cierto excedente, aunque no sea reconocido – otorgarles un “honor” superior en virtud del éxito, al que pretenden disfrutar los miembros del estamentos en virtud de su modo de vivir” (p. 691).
“Según esto, se puede apreciar como consecuencia de la organización “estamental” un factor ciertamente muy importante: la obstaculización de la libre evolución del mercado. Esto tiene lugar, ante todo, para aquellos bienes que los estamentos sustraen directamente, mediante el monopolio, al tráfico libre, ya sea de un modo legal o convencional (…)” (p. 692).
ü El mercado entonces queda limitado, en especial en comunidades donde las organizaciones estamentales están muy extendidas.
ü De esta forma, mientras las clases se organizan en torno a relaciones de producción y de adquisición de bienes, los estamentos lo hacen según principios de su consumo de bienes en diversas formas dadas por su “manera de vivir” (p. 692).
“Las épocas y países en que prevalece la importancia de la pura posición de clase coinciden, por lo general, con los tiempos de transformación técnico-económica, mientras todo retardo de los procesos de transformación conduce inmediatamente a un resurgimiento de las organizaciones “estamentales” y restablece de nuevo la importancia del “honor” social” (p. 693).
ü Son los grupos que se desenvuelven en torno al plano político.
ü A diferencia de la acción comunitaria ejercida por clases y estamentos (en los cuales no necesariamente hay una socialización de tipo comunitario), en los partidos sí hay socialización debido a que siempre la acción partidista va dirigida a la obtención de un objetivo (la realización de un programa).
“Por eso sólo pueden existir partidos dentro de comunidades de algún modo socializadas, es decir, de comunidades que poseen un ordenamiento racional y un “aparato” personal dispuesto a realizarlo” (p. 693).
ü En ciertas ocasiones, los partidos pueden representar intereses condicionados por la situación de clase o por la situación estamental, reclutando a seguidores, aunque no necesitan ser puramente partidos de clase o estamentales. Tal y como apunta Weber: “[los partidos] casi siempre lo son en parte y no lo son en absoluto” (p. 693).
1. BLANCO, Osvaldo (2010): “De lo abstracto a lo concreto: Elementos fundamentales del aporte de Marx para el análisis del capitalismo y las clases sociales”, En Pluma y Pincel, Sección Filosofía, 15 de Abril, Santiago de Chile.
2. MARX, Karl (1971): Introducción general a la crítica de la economía política. 1857, Cuadernos del Pasado y Presente, Buenos Aires, Argentina, p.35.
3. WEBER, Max (2001): Historia económica general, FCE, México.
4. ______ (2008) : Economía y Sociedad, FCE, México DF, pp. 33; 682-694; 1116.
[1] Esto está muy relacionado con el concepto de Herrschaft (Dominación) utilizado por Weber.
[2] “Llamamos comunidad a una relación social cuando y en la medida en que la actitud en la acción social –en el caso particular, por término medio o en el tipo puro – se inspira en el sentimiento subjetivo (afectivo o tradicional) de los partícipes de constituir un todo” (Weber, 2008: 33).
[3] Aquí podemos notar una importante relación con Marx: pese a que para Marx la extracción de plusvalía se da en el proceso de producción, es en el mercado capitalista donde se encuentran burgueses y proletarios, uno para comprar y el otro para vender fuerza de trabajo. Véase Blanco, 2010.
[4] Veremos esta definición más adelante.
[5] Nuevamente encontramos puntos de problematización con Marx. Para éste, en el capitalismo el mercado funciona como el espacio de intercambio idealmente “libre” entre un comprador y un vendedor de la fuerza de trabajo. Pero dicho entrelazamiento de ambos conceptos remite a un contexto social más amplio y abarcativo descrito por un tercer elemento abstracto: el “modo de producción”. Éste implica la manera en que se producen, intercambian, distribuyen y consumen los bienes socialmente necesarios para la reproducción de una determinada formación histórico-social. Es decir, el modo de producción incluye al mercado y al trabajo, pero también elementos que van más allá de estos. En términos generales, el modo de producción se constituye por la articulación de las “fuerzas productivas” con las “relaciones sociales de producción”, lo que significa que la forma en que estén desarrolladas las primeras será determinante para la forma como se estructuren las segundas [Las fuerzas productivas son los medios de producción, vale decir, elementos de origen natural, tales como la tierra, aire, agua, bosques, etc. así como las herramientas o instrumentos construidos por el hombre. A ello debemos incluir también todos los procedimientos laborales, el agrupamiento de los obreros en fábricas o talleres y luego en complejos industriales, la división del trabajo y su racionalización, entre otros. De esta manera, la ciencia interviene en la formación de las fuerzas productivas]. Pero, además, la categoría abstracta del modo de producción reconoce que la propiedad de los medios de producción se convierte en el pivote del poder y del principio de la división social del trabajo y las consiguientes relaciones sociales de producción. Este concepto remite al hecho de que toda forma económico-social se constituye sobre la base de sus relaciones con los medios de producción, relaciones sociales antagónicas. En el capitalismo, el conjunto de estas relaciones de producción determinadas por la propiedad (o carencia de propiedad) de los medios de producción no sólo establecen una división social del trabajo, sino que, además, todo un edificio jurídico e ideológico que variará según la correlación de fuerzas específicas en las sociedades concretas. El modo de producción se define entonces como una división del trabajo que define las condiciones del gasto y del consumo de la fuerza de trabajo, la naturaleza y el destino de los valores de uso producidos, así como también implica determinaciones jurídicas, políticas, ideológicas. Para ello véase mi artículo “De lo abstracto a lo concreto: Elementos fundamentales del aporte de Marx para el análisis del capitalismo y las clases sociales” (Blanco, 2010).
A propósito del modo de producción, quiero citar aquí una definición explícita dada por Marx. En el Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”, Marx escribió un conocido pasaje: “En la producción social de su existencia, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general”. Véase Marx, 1971: 35.
[6] “(…) la libertad del mercado con respecto a toda irracional limitación del tráfico; estas limitaciones pueden ser de naturaleza estamental –por ejemplo, cuando los gremios prescriben un determinado género de vida o una homogeneización del consumo–, o bien revisten un carácter de monopolio gremial (…) no existiendo, por consiguiente, un mercado libre del trabajo ni un libre mercado de productos” (Weber, 2001: 237; cursivas mías O.B.).
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