sábado, 3 de octubre de 2009

E.O.Wright y el problema de las clases medias en el capitalismo avanzado

Apuntes de lectura de
ERIK OLIN WRIGHT: CLASES.
Siglo XXI, Madrid, 1994, pp. 1-116.

a.- El programa del análisis de clases marxista contemporáneo.

A lo largo del s. XX, desde el marxismo se constató que la polarización simple que propone el modelo teórico de Marx se ha alejado cada vez más de las realidades pluri-clasistas existentes en las sociedades contemporáneas. El aumento de las ocupaciones profesionales y técnicas y la expansión de las jerarquías directivas en el interior mismo de la clase asalariada fue un dolor de cabeza que el marxismo no ha podido resolver sino haciendo uso de elementos teóricos que van más allá de la obra de Marx.
Para Marx, la historia eliminaría gradualmente el hiato entre la polarización teórica de las clases y la pluralidad de clases en las sociedades realmente existentes. Hoy, en cambio, se acepta que es necesario enriquecer la propuesta teórica, eliminando incluso el eje de la polarización trabajo-capital como base de la estructura de clases.
Erik Olin Wright intenta responder a este desafío y lo hace no desechando de plano la teoría marxista, sino intentando reformularla. Su trabajo comienza por distinguir dos dimensiones de análisis de clase desde el marxismo, los cuales llevan a la especificación de dos ejes de clasificación de los estudios de clases:
1.- Dimensiones relativas a los objetos de estudio: Análisis centrados en la estructura de clases v/s análisis centrados en la formación de clases.
2.- Dimensiones relativas a los niveles de abstracción: Análisis centrados en tres niveles de abstracción: modo de producción, formación social y coyuntura.

i.- Dimensiones relativas a los objetos de estudio:

La estructura de clases es un concepto que se refiere a formas de relaciones sociales en las que están inmersos los individuos. Se trata, por tanto, de posiciones que serán ocupadas por los individuos o familias. Esto implica varias consecuencias importantes.
“Esto implica que, en relación con la estructura de clases, podremos hablar de posiciones “vacantes” (posiciones que en un determinado momento no están ocupados por personas reales), de un “excedente absoluto de población” (un exceso de personas en relación con los espacios de la estructura de clases) y de “ocupantes” de posiciones de clase (las personas ubicadas de hecho en una estructura de clases dada)”.
E. O. WRIGHT: 1994: 5.
A nuestro juicio, aquí tenemos al menos dos consecuencias para nuestra exposición: i) la independencia de las relaciones de clase respecto de las personas individuales[1]; ii) la existencia de personas “sobrantes”, en virtud de que la estructura de clases capitalista no alcanza a cubrir la totalidad de la población, especialmente la obrera[2].
Por su parte, la formación de clases es un concepto referido a la formación de colectividades organizadas dentro de la estructura de clases. En el interior de la estructura, las posiciones relacionales de las clases entre sí configuran ciertos intereses y demandas, las cuales se convierten en el motor de las luchas de clases organizadas para alcanzar sus intereses u objetivos.
El problema surge cuando se constata que la “estructura de clase” no siempre tiene una relación de necesidad con la “formación de clase”; el ocupar un determinado lugar en la estructura de clases no implica necesariamente una cierta manera de organización, ni mucho menos de consciencia clasista. De esta manera, la “formación de clase” se preocupa del modo en que los individuos –ya ubicados en los espacios o huecos de la estructura clasista – llegan a organizarse en colectividades que luchan. Podemos decir entonces que los análisis basados en la “formación de clase” son trabajos históricos y políticos, donde Marx trata de comprender el juego de las fuerzas sociales colectivamente organizadas para explicar las transformaciones históricas concretas[3]. No se busca establecer una teoría sobre estas categorías sociales, ni tampoco de las relaciones que entre sí se establecen. Más bien se busca comprender la relación existente entre las luchas que enfrentan a estos agentes entre sí y al Estado, es decir, comprender la lucha política. Marx busca explicar las pautas de la lucha y los impactos de tales luchas en los cambios y transformaciones sobre el Estado y el régimen en las distintas alianzas y confrontaciones entre agentes. Por tanto, no es un análisis sobre las relaciones sociales de explotación en el modo de producción capitalista, sino más bien crónicas sobre las luchas sobre el control del dominio o, dicho en otras palabras, sobre la modificación y toma del poder de Estado.
Ahora bien, la formación de clases es un fenómeno independiente de la estructura de clases, tal y como lo señala E. O. Wright:
“Las colectividades basadas en la clase se pueden organizar, desorganizar y reorganizar dentro de una determinada estructura de clases sin necesidad de que se produzca ninguna transformación fundamental de la estructura de clases misma”
ÍBID: 6.
Dicho autor señala que, esquemáticamente planteado, se puede decir que mientras las relaciones sociales de la estructura de clases remiten a relaciones entre clases, los procesos de formación de clases se definen por relaciones sociales dentro de las clases, formando colectividades embarcadas en luchas políticas.

ii.- Dimensiones relativas a los niveles de abstracción:

Pasemos a la distinción entre los tres niveles de abstracción: modo de producción, la formación social y la coyuntura. Para E. O. Wright, el modo de producción –que ya definimos cuando hablábamos de Marx[4] es, obviamente, el nivel más elevado de abstracción. Recordemos que decíamos que el modo de producción era un concepto “abstracto” basado en las relaciones sociales de producción determinadas por el grado de intensidad de las fuerzas productivas. Cada modo de producción, en tanto tipo ideal (si se nos permite hablar en estos términos), implica mecanismos de explotación diferentes.
Ahora bien, Wright señala que al interior de un modo de producción determinado, pueden existir diversas formas de modo de producción. En esencia, los modos de producción, por su carácter abstracto, puro o ideal, no existen en la realidad concreta. El modo de producción capitalista ha mostrado una tendencia a pasar por diferentes etapas, cada una con sus específicas maneras de relaciones sociales capitalistas (acumulación primitiva, capitalismo competitivo, monopolista, etc.). Precisamente, cuando se estudian los mecanismos que obstaculizan o favorecen el paso de una etapa a otra dentro del modo de producción capitalista es que es útil utilizar la noción de formación social.
Por formación social debemos entender al análisis de las sociedades en tanto distintos modos de producción o diferentes tipos de relaciones de producción en una misma formación social. Por ejemplo, la presencia de clases precapitalistas en el seno de sociedades capitalistas o de clases postcapitalistas en esa misma sociedad. E. O. Wright da otro ejemplo de nivel de formación social: estudiar cómo se combinan dentro de una sociedad dada la producción capitalista competitiva y de pequeña escala con la producción capitalista centralizada, concentrada y de gran escala (Íbid.: 8). Como fuese, el nivel de la formación social implica, por el lado de la estructura de clases, el estudio de la coexistencia de clases basadas en diferentes modos de producción, mientras que, por el lado de la formación de clases, implica el estudio de alianzas políticas entre clases.
Por último, el nivel coyuntural es aquél que consiste en investigar las sociedades a partir de detalles institucionales concretos (leyes, proyectos de ley, etc.) y los factores históricos contingentes que entran en juego. Desde el punto de vista de las relaciones entre clases (estructura de clases), este nivel se referiría, por ejemplo, al estudio de las prácticas laborales de los ejecutivos sobre los subcontratados, de las relaciones de micro crédito que articulan la oferta financiera con la pequeña burguesía, etc. Por el lado de la formación de clases, tenemos ejemplos que van desde el estudio de la sindicalización, de la formación de partidos, de los movimientos sociales basados en la clase, etc.

b.- El concepto de posiciones de clase contradictorias.

Para E. O. Wright, el hiato entre el modelo teórico de polarización simple y la pluralidad de clases en las sociedades capitalistas realmente existentes se manifiesta con toda su mayor claridad en el problema del análisis de las clases medias en el capitalismo. En su obra “Clases”, Wright propone un concepto para salir de este problema: el de las “posiciones contradictorias dentro de las relaciones de clase”.
La necesidad de elaborar un concepto como este viene de estudios de inicios de la década de los setenta donde se presentaba el problema de cómo clasificar a las personas en relación con su clase. El problema era taxonómico: ¿dónde clasificar con los numerosos casos de personas que no parecen ser ni burgueses ni proletarios? Según E. O. Wright este problema de taxonomía se develó inmediatamente como problema teórico (¿cómo darle un estatuto de clase es estos sectores intermedios imposibles de clasificar?)
Para la creación del concepto, Wright hace frente a dos grandes grupos de constricciones[5] específicas: i) constricciones impuestas por el papel explicativo que el concepto de clase tiene dentro de la teoría marxista de la sociedad y de la historia; ii) constricciones impuestas por las propiedades estructurales del concepto abstracto de clase que le permiten cumplir su papel explicativo dentro de la teoría general (Íbid.: 28-41).
Dichos dos bloques se despliegan en seis constricciones teóricas que enmarcan al marxismo o, por lo menos, a gran parte de la teoría marxista. Esto quiere decir que si se pretende reformular la teoría de clases marxista y seguir respetando los postulados esenciales de esta teoría, estas seis constricciones teóricas juegan el papel de marcos que definen los cimientos gruesos de la teoría marxista que habría que respetar.

i.- Sobre el papel explicativo de las clases

Las constricciones teóricas dentro de este primer bloque tienen que ver con dos puntos:
a.- La interconexión en torno a la estructura, formación, consciencia y lucha de clases.
b.- La relación entre las clases y la transformación de las sociedades.
Constricción conceptual 1:
La primera constricción teórica a tener en cuenta es la siguiente: la estructura de de clases impone límites a la formación de clase, la consciencia de clase y la lucha de clase. Ello quiere decir que la estructura de clases actúa como un determinante fundamental de la formación, consciencia y lucha de clases. De esto mismo, se puede decir que las clases poseen una existencia estructural que no se puede reducir a los diferentes tipos de organizaciones colectivas (formaciones de clase), a las ideologías de clase defendidas por individuos y organizaciones (consciencia de clase) o a las formas de conflicto establecidas por individuos u organizaciones de clase (lucha de clases). De hecho, no es sólo que la estructura de clases no se reduzca a los otros tres conceptos, sino que, más bien, parece ser al revés: la formación, la conciencia y la lucha de clases se encuentran determinadas, de una u otra forma, por determinaciones estructurales[6].
Este fundamento se basa en la vinculación de los conceptos de “intereses” con el de “capacidades” de acción clasista. Para alcanzar determinados intereses u objetivos, las clases deben disponer de determinadas capacidades o, lo que es igual, deben tener acceso a determinados recursos. La estructura de clases constituye así el mecanismo básico de distribución de las capacidades para actuar. De este modo, la “consciencia de clases” es la comprensión conciente de tales mecanismos:
“(…) la toma de conciencia por parte de las clases subordinadas de que es preciso transformar la estructura de clases para que se produzca algún cambio sustancial en su capacidad para actuar, y la toma de conciencia por parte de las clases dominantes de que la reproducción de su poder depende de la reproducción de la estructura de clases”.
ÍBID.: 29
Por su parte, la “formación de clases” sería el proceso mediante el cual las capacidades de las personas se organizan colectivamente en vistas de la generación de una capacidad colectiva para actuar, la que potencialmente puede dirigirse al derrumbamiento de la estructura de clases.
“Dado que la estructura de clases define el acceso de estos individuos a aquellos recursos clave que tienen el potencial de ser movilizados colectivamente, ella impone los límites básicos a las posibilidades de formación de tales capacidades colectivas”.
ÍBID.
E. O. Wright, si bien acepta que existen otros factores que operan como determinantes de las conciencia y la formación de clases (por ejemplo, la raza, la etnia, el sexo, las instituciones legales, etc.), señala explícitamente que estos factores no clasistas operan dentro de los límites impuestos por la estructura de clases.
Por otra parte, es también algo más aceptado que la lucha de clases es el principio transformador histórico básico. La célebre frase de Marx y Engels en el “Manifiesto Comunista” es que el motor de la historia es la lucha de clases[7]. Pues bien, la consciencia, la formación y las estructuras de clases son objetos de la lucha de clases y se transforman en el transcurso de estas luchas, sin embargo, dichas transformaciones están constreñidas estructuralmente.
“Las luchas de clases están limitadas de modo más directo por las formas de organización social (formación de clase), que a su vez están limitadas por la estructura de clases existente”.
ÍBID: 32
Constricción conceptual 2:
La segunda constricción teórica es que “las estructuras de clases constituyen las líneas cualitativas esenciales de demarcación social en las trayectorias históricas del cambio social” (Ibíd.: 32). Por esta idea debemos entender que el cambio histórico –determinado por la lucha de clases - delimitan las posibilidades de variaciones posibles en el estado, las relaciones étnicas, sexuales, etc. Según Wright, la mejor forma de identificar las distintas épocas históricas es a través de las estructuras de clases dominantes en ellas.
Con ello, E. O. Wright nos señala que debemos alejarnos de visiones funcionales que suelen partir de esta misma constricción:
“El argumento funcional no dice sólo que las relaciones de clase imponen límites posibilidad a otras relaciones sociales, sino que la forma concreta de tales relaciones viene explicada por su relación funcional con las clases. Así, por ejemplo, la forma del estado a menudo se explica por las funciones que cumple en la reproducción de las relaciones de clase”.
ÍBID: 33.
La primacía de la clase como criterio de análisis puede prescindir de estas explicaciones funcionales. Más bien, de lo que se trata es de entender que la estructura de clases es el determinante del poder social, siendo el mecanismo básico por el cual las personas y agentes adquieren y distribuyen distintos tipos de recursos, determinando así las capacidades para actuar. Tal y como podemos ver, esta constricción está directamente relacionada con el punto anterior, el cual suponía una relación directa entre posiciones, intereses y capacidades para actuar. Por lo tanto, las estructuras de clases pueden ayudar a determinar qué tipos de cambio social son posibles, aún cuando no determinan funcionalmente la forma concreta de cada institución en la sociedad.
“Ciertamente, como resultado de tal poder (capacidades para actuar), las configuraciones institucionales pueden tender a convertirse en “funcionales” para la reproducción de las relaciones de clase, pero esto es una consecuencia de las luchas basadas en tales relaciones; no es algo producido espontánea o automáticamente por las estructuras de clases mismas”.
ÍBID: 33
Por último, tampoco E. O. Wright está señalando un determinismo teleológico acerca de un supuesto “destino final” marcado por la estructura de clases. Simple y llanamente, este autor señala que una sociedad puede tener múltiples futuros, pudiendo encontrarse en su camino con encrucijadas que la conduzcan a diversas direcciones. A lo largo de dicho camino, los cambios en la estructura de clases son el principal elemento delimitador del cambio social.
Tal y como lo apuntamos más arriba, esta constricción teórica está directamente relacionada con la idea de que las luchas de clases constituyen el mecanismo central para pasar de una estructura de clases a otra. Es decir, el cambio demarcado por la estructura de clases se mueve por el motor de la lucha de clases. Es el conflicto entre agentes definidos por su posición dentro de la estructura de clases loo que explica las transformaciones cualitativas que marcan las trayectorias epocales del cambio social (Ibíd.: 36).

ii.- Propiedades estructurales del concepto de clase

Las siguientes cuatro constricciones teóricas que E. O. Wright va a desarrollar tienen que ver con cuatro propiedades estructurales básicas: i) las clases son relacionales, ii) estas relaciones son antagónicas, iii) este antagonismo de clase se basa en mecanismo de explotación; iv) la explotación se basa en las relaciones sociales de producción.
Constricción conceptual 3:
Como ya señalamos, esta tercera constricción señala que la clase es un concepto relacional. Toda clase social es un grupo social que se relaciona con otro. Desde un punto de vista sociológico, la noción de “relación social” es una propiedad fundamental para entender a las clases sociales. Esto equivale a decir que una clase es un grupo que puede ser definido en función de sus relaciones con otras clases.
Aquí Wright nos señala que hay que diferenciar a las clases de las versiones gradacionales. Este último es un principio distributivo: se distribuyen ingresos, niveles educativos, capacidades de consumo, etc., conformándose grupos que no necesariamente establecen relaciones sociales de explotación entre sí. Tal y como señala Wright:
“En las nociones gradacionales de las clases, éstas se distinguen por el grado cuantitativo de algún atributo (ingresos, estatus, educación, etc.), y no por su posición dentro de una determinada relación”,
ÍBID: 37.
Por ejemplo, los sectores ABC1, C2, C3, D, y E, son grupos que dan cuenta de distintos niveles de consumo. No son clases sociales pues no son definibles en términos de sus relaciones entre clases. Esto significa que si bien las clases definidas relacionalmente también poseen propiedades gradacionales (los capitalistas son ricos, los obreros pobres, unos consumen más y los otros menos, etc.), no son estas propiedades distributivas las que las definen como clases.
Con E. O. Wright, la pregunta que surge es porqué a los marxistas les interesa establecer a las clases sobre criterios relacionales. Principalmente, a los marxistas les debe interesar establecer a las clases sobre criterios relacionales por tres razones fundamentales.
Primero, si hacemos caso a la constricción teórica N º 1, entonces la estructura de clases es un marco de posiciones en conflicto que únicamente se pueden entender desde un punto de vista relacional y no gradacional.
Segundo, a partir de la constricción teórica N º 2 podemos decir que la evolución del cambio histórico dentro de los márgenes de la lucha de clases sólo se puede entender desde el punto de vista de relaciones sociales de producción.
Por último, las relaciones de clases permiten explicar los rasgos esenciales de las desigualdades gradacionales (desigualdades distributivas) como, por ejemplo, la desigualdad de ingreso.
Constricción conceptual 4:
Esta cuarta constricción conceptual nos señala que las relaciones sociales que definen las clases son intrínsecamente antagónicas, no simétricas. Las posiciones de clase generan intereses contrapuestos y en conflicto, por ello son antagónicos. La realización de los intereses de una clase implica necesariamente luchar contra la realización de los intereses de otra clase. Esto no implica un posible “compromiso” entre intereses antagónicos, sino que tales compromisos deben llevar consigo la realización de algunos intereses de una clase en contra de los intereses de otra clase.
Por otro lado, las relaciones antagónicas no son simétricas, es decir, presentan una desigual distribución de fuerzas. Es decir, si bien capitalistas y proletarios pertenecen a una misma estructura de clases, la posición ocupada por ambos no es la misma, no tampoco confiere iguales posibilidades de acción.
Constricción conceptual 5:
Este antagonismo en Marx está dado por ser de explotación de fuerza de trabajo o, como el matiz que quiere darle Wright, “explotación de los frutos del trabajo”.
Constricción conceptual 6:
Por último, todo el antagonismo de relaciones sociales de explotación se da en lo que Marx denominó relaciones sociales de producción en el modo de producción capitalista[8].

c.- Un marco general para el análisis de clase.

i. Introducción.

E. O. Wright no usa el término de explotación tal y como se desprende de la teoría del “valor-trabajo” desarrollada por Marx sino que lo hace reelaborando la teoría del economista J. Roemer.
Partiendo de la teoría de la explotación desarrollada por este último, E. O. Wright considera que, además de los bienes de capital que había considerado Marx, en las sociedades de capitalismo avanzado también podemos hablar de bienes de organización y de bienes de cualificación.
El primer tipo de bienes se refiere a la posición jerárquica en la empresa, mientras que el segundo hace referencia a las credenciales educativas. Ambos bienes permiten a quienes los detentan explotar al resto de la fuerza de trabajo, pero al mismo tiempo, sus propietarios son explotados por quienes detentan los bienes de capital. Esto hace que las nuevas clases medias se hallen en posiciones contradictorias de clase.

ii. La explicación de Roemer de la clase y la explotación.

Para Roemer, así también para Marx, la explotación es un concepto para estudiar las desigualdades sociales. Esto es porque ambos se basan en la premisa relacional de las clases.
Ahora bien, mientras para Marx la relación entre clases es entre grupos sociales que encarnan al trabajo y al capital (teoría del valor-trabajo), en Roemer hay explotación no sólo en estas situaciones relacionales entre burgueses y proletarios, sino que también entre propietarios de capital mismo. Para decirlo de forma más tajante: según Roemer, la explotación es posible incluso en economías en la que cada productor posee sus propios medios de producción y en la que no exista mercado de trabajo (o sea, donde los capitalistas no compren fuerza de trabajo, sino que donde ellos mismos trabajen) ni tampoco mercado de crédito[9].
En efecto, si diferentes productores poseen distintas cantidades de bienes productivos, los distintos productores tendrán que trabajar un número diferente de horas para producir el equivalente de su propia subsistencia (trabajo necesario). Por lo tanto, el comercio entre estos productores conduce a la explotación de los pobres en bienes por parte de los ricos en bienes. Los trabajadores que trabajan menos pueden hacerlo porque los productores peor dotados en bienes tienen que trabajar más. En términos más simples, Roemer sostiene que es posible pensar en relaciones sociales de explotación entre productores, pues si bien tendrían como característica común el ser propietarios de medios de producción (bienes de capital), unos estarían mejor dotados en cuanto a la cantidad de estos bienes que otros.
Para elaborar este enfoque, Roemer hace uso de dos perspectivas: el enfoque de transferencia de trabajo y la teoría de juegos. Con ello, este autor elabora modelos teóricos que lo llevan a concluir que la explotación tiene una base en una desigualdad en la distribución de los bienes de producción. Si el nivel de bienes se empareja entre los diferentes productores, entonces todos trabajarán lo mismo y necesitarán el mismo nivel de ingresos para el trabajo socialmente necesario. En cambio, si la cantidad de bienes de capital difiere entre los productores, unos tendrán que trabajar más que otros para la producción de los bienes necesarios para su subsistencia, haciendo de la competencia en el mercado un contexto desigual, donde –y este punto es el fundamental para hablar de explotación, según la perspectiva relacional de Roemer- a los productores mejor dotados de bienes de capital les iría peor si los de menor dotación de bienes de capital se fueran a otro lugar. El argumento se puede resumir así: una clase de productores explota a otra en virtud de su mayor capacidad para privar a otros de un acceso equitativo a los bienes.
“Las clases se definen entonces como las posiciones dentro de las relaciones sociales de producción que se derivan de las relaciones de propiedad determinantes de las pautas de explotación”
ÍBID: 80.
Hay a lo menos un par de consecuencias importantes que podemos apuntar. Primero, es la propiedad de bienes la que genera la explotación. Segundo, (y relacionado con lo anterior) las clases se basan en la propiedad, no en el proceso de producción, tal y como Marx sostenía.
Los marxistas sostenían que el criterio de la propiedad era determinante pues éste marcaba posiciones desiguales dentro del proceso de producción, entendido este como una relación de compra y venta de trabajo (teoría del valor - trabajo). En cambio, para Roemer, la propiedad, sin necesidad de subsumirla dentro de relaciones sociales de producción, es por sí misma el criterio de las clases y de la explotación entre clases. Por ello, es que puede haber explotación entre productores. Por tanto, la relación capital-trabajo desarrollada en la teoría de la explotación se determina por las relaciones de control/propiedad sobre los medios de producción.

iii. Hacia un marco general para el análisis de clase

E. O. Wright interpreta este aporte de Roemer con la condición de asumir a la explotación basada en la propiedad de bienes productivos controlados por las clases a partir de desarrollar tres puntos:
  1. Diferenciar la explotación de la mera opresión económica.
  2. Aclarar el concepto de explotación feudal.
  3. Aclarar el concepto de explotación de bienes de organización.

iii.a.- Explotación versus Opresión económica.

A diferencia de la simple opresión, la explotación implica apropiación de los frutos del trabajo. En la explotación el bienestar de los explotadores depende del trabajo de los explotados. En el caso de la opresión, los intereses de los opresores no se ven perjudicados por la desaparición de los oprimidos.

iii.b.- Sobre la explotación feudal.

En el feudalismo, la explotación se basa en desigualdades generadas por la propiedad de bienes en forma de fuerza de trabajo. Por el contrario, en el capitalismo, la explotación se basa en la propiedad de bienes alienables (bienes físicos), es decir, medios de producción físicos que permiten la explotación de la fuerza de trabajo. Por su parte, en sociedades socialistas –sin distinguir entre estatalismo y socialismo propiamente tal[10]- la explotación está basada en la propiedad de bienes inalienables (cualificación y organización).

iii.c.- Sobre la explotación de bienes de organización.

Con la revolución rusa y con lo que posteriormente fue la URSS se instaló una eliminación de la propiedad privada de los medios de producción. Los individuos no pueden poseer ni tampoco heredarlos, ni disponer de ellos en el mercado, etc. La pregunta que surge es ¿hay explotación en este tipo de sociedades?
E. O. Wright señala que en las sociedades anticapitalistas la explotación está ligada a la propiedad de los bines de organización (estatalismo) y cualificación (socialismo). Ahora bien, para Wright, la propiedad de bienes de organización es una fuente de explotación más categórica que la propiedad de cualificación. Esto porque el modo en que se organiza el proceso de producción es un recurso productivo diferente del gasto de fuerza de trabajo, el uso de medios de producción o de las cualificaciones del productor. La organización constituye un recurso productivo y de explotación por derecho propio.
En el capitalismo, los bienes de organización están controlados por capitalistas y directivos. Pero dada la anarquía del mercado capitalista no existe un conjunto de actores que controle la división técnica del trabajo entre las empresas. En cambio, los bienes de organización son muy importantes en las sociedades estatalistas. En efecto, la división del trabajo es una actividad organizada desde el centro, existiendo una coordinación de las actividades productivas en y entre los procesos de trabajo. No se trata sólo de directivos de empresas que controlan el trabajo de terceros al interior de empresas (como en el capitalismo), sino más bien de órganos centrales de planificación de estado que, por tanto, determina una sociedad basada en una explotación constituida a partir del poder burocrático.
La organización está estructurada de tal forma que quien posea la propiedad de los medios de organización explota al resto a partir de su posición jerárquica que le permite controlar una parte (o todo) el excedente socialmente producido.
El matiz de la propiedad de los bienes de organización, sin embargo, no es el mismo que la propiedad de bienes de capital o de fuerza de trabajo. En este punto, E. O. Wright hace una distinción entre: i) propiedad como derecho de posesión; ii) propiedad como facultad para ejercer control real sobre el uso de determinado bien. En efecto, los directivos no pueden vender los bienes de organización, por lo que no se puede decir que “poseen” esos bienes (punto “i”). Vale decir, los directivos no tienen derechos de posesión sobre los bienes de organización, sino más bien su propiedad sobre tales bienes está dada en virtud de ejercer un control colectivo sobre la transmisión del derecho a usar esos bienes (punto “ii”). De esta manera, los bienes de organización no se “poseen”, sino que se “controlan”.
Por último, la aclaración sobre los bienes de organización obliga a distinguirlos de los bienes de cualificación. Aquí hay que señalar que los bienes de organización son la base para las relaciones de explotación, mientras que los bienes de cualificación no. Si bien es cierto que los bienes de cualificación son un criterio para incorporarse a posiciones de jerarquía organizativa, esto se debe al nexo entre bienes de cualificación con la organización y no por bienes de cualificación por sí mismos. De hecho, esto hace que en el modo de producción socialista la explotación sea una especie de negociación democrática donde los obreros, bajo su consentimiento, distribuyen a los expertos la capacidad de extracción de los excedentes del trabajo (ver cuadro 3.2). Es decir, en el socialismo ni siquiera se podría decir que hay clases sociales que establecen relaciones sociales de producción antagónicas, tal y como se pueden entender en el feudalismo, capitalismo y estatalismo.

iv. Una tipología general de clase y explotación.

En el cuadro 3.2 (ver Anexo) se deduce que las sociedades precapitalistas (feudales) son la base estructural primordial de la lucha de clases. Precisamente, las revoluciones burguesas redistribuyeron los bienes productivos asociados a las personas haciendo de la modernidad el momento histórico donde cada uno, al menos, se posee a sí mismo, cuestión que precisamente no ocurría en el feudalismo, donde el cuerpo del siervo (y su fuerza de trabajo) le pertenecían al señor.
El capitalismo, como ya vimos con la teoría del valor-trabajo de Marx, es la formación económico social donde la desigual distribución de los medios de producción implica un mecanismo de explotación basado en el mercado como espacio de compra y venta de fuerza de trabajo en tanto mercancía. Sin embargo, ya vimos que pueden darse otras situaciones donde pequeños capitalistas sean explotados por grandes capitalistas aún cuando no exista un mercado de trabajo formal con salarios, etc.
Como fuese, si hay algo que E. O. Wright destaca –y aunque no lo exprese de manera explícita, debemos decir que se lo debe a Marx- es que la explotación capitalista supone el mecanismo del mercado como mediador de los intercambios entre las distintas clases[11]. El excedente producido por los trabajadores no es directamente apropiado bajo la forma de control del trabajo o tributos (como en el feudalismo), sino que, más bien, en el capitalismo el excedente de trabajo es apropiado bajo la forma de intercambio en el mercado. Es decir, en el feudalismo, a diferencia del capitalismo, no hay mercado de trabajo simplemente porque la fuerza de trabajo no se compra, no ha llegado a ser mercancía que se venda en el mercado, sino que es poseída por el déspota. En el capitalismo, la relación entre las clases capitalistas y obrera implica que a estos últimos se les pague un salario que cubre los costos de producción de su fuerza de trabajo y los capitalistas reciben los ingresos fruto de la venta de mercancía producidas por los obreros. En cambio, en sociedades anticapitalistas se eliminan estas formas de capitalismo de explotación basada en la propiedad privada de los medios de producción por medio de figuras tales como la nacionalización de los principales medios de producción. Sin embargo, en estas sociedades anticapitalistas no se eliminan sino que se profundizan las desigualdades en el control efectivo de los bienes de organización. Por ello que se puede sostener que la relación entre clases en este tipo de sociedades se da entre directivos/burócratas y no directivos.

v. Las clases medias y las posiciones contradictorias

E. O. Wright comienza este pasaje del texto definiendo dos tipos de posiciones contradictoras no polarizadas de clases:
  1. Una basada en la pequeño burguesía tradicional, donde tales grupos no son ni explotadores ni explotados, permaneciendo en una especie de posición neutral dentro de la estructura de clases capitalista.
  2. Posiciones explotadoras y explotadas al mismo tiempo. Esto se debería a que en las sociedades capitalistas concretas se pueden encontrar no sólo un único modo de producción, sino más bien una traslape de éstos. Aquí el ejemplo son los asalariados altamente cualificados (profesionales, por ejemplo), quienes están explotados desde un punto de vista capitalista en virtud de que carecen de bienes de capital, a pesar de lo cual son explotadores de cualificaciones. Este tipo de grupos han sido denominados como “nuevas clases medias”.
Lo más importante de todo es no olvidar que Wright rescata el concepto de explotación a partir de diferenciar a quienes poseen los medios de producción y los que no son propietarios, quienes variaran en cuanto a si se es propietario de simple fuerza de trabajo del más bajo nivel o fuerza de trabajo que controla bienes de organización y/u cualificación.
Hacia el final del Capítulo 3, E. O. Wright muestra dos cuadros tipológicos (3.3 y 3.4 del Anexo). El primero hace alusión a una primera gran división, una segmentación primera entre los propietarios de medios de producción y los no propietarios (trabajadores asalariados). Luego de tal desglose, estos dos grupos quedan de la siguiente forma: i) la de los propietarios de bienes que son medios de producción; ii) la combinación más compleja, es decir, la del cruce en los trabajadores asalariados no propietarios de 2 tipos/categorías de bienes: organización y cualificación. En el fondo, podemos decir nosotros que E. O. Wright quiere seguir profundizando en un basto tema no profundamente explorado, que ya Marx había dejado abierto, a saber: la diferencia de trabajo manual y trabajo intelectual.


NOTAS


[1] Desde un punto de vista del individualismo metodológico, en virtud de que las relaciones sociales no existen si dejan de existir los seres humanos de carne y hueso, no tendría sentido distinguir entre estructura y los individuos que están en ella. Al respecto, E. O. Wright escribe lo siguiente: “La formulación que yo he elegido no confiere a las relaciones sociales una existencia independiente de las personas particulares. Dicho de otro modo: en una fábrica se puede sustituir a todos los individuos reales en el transcurso de una generación, pero la estructura de clases en esa fábrica todavía podría seguir siendo la misma” (ÍBID).
[2] Tocaremos este aspecto en lo concerniente a América Latina (Unidad III del presente curso).
[3] “El Capital” y “El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte” son dos obras que representan dos objetos de estudios distintos: uno más teórico y abstracto, basado en una polaridad simple entre trabajo y capital (por tanto, con dos clases: burguesía y proletariado), mientras que el otro más coyuntural y político. Sin embargo, puede discutirse –cuestión que no haremos aquí- la existencia de obras donde Marx, teniendo en mente análisis coyunturales y políticos, nunca se desentiende de un nivel de abstracción teórico tendiente a explicar la estructura de clases contingente (muchas veces multi-clasista) dentro del contexto de evolución de la “ley histórica del desarrollo del modo de producción capitalista”.
[4] Ver el paper anterior: “Elementos fundamentales del aporte de Marx para el análisis de clases”.
[5] Dicho autor entiende por constricción lo siguiente: “el que, en cualquier situación dada, existe sólo una gama limitada de conceptos posibles que se pueden fabricar”.
[6] E. O. Wright está en la posición contraria a lo que diría un marxista inspirado en Gramsci, tal y como E. P. Thompson. Por tanto, esta tendencia predominante que Wright le asigna a la estructura de clases no es unánimemente aceptada dentro del marxismo.
[7] “Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeñados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformación revolucionaria de todo el régimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes”.
[8] Véase el paper anterior, donde decíamos: “
[9] Respecto a esto último (acceso a crédito), creemos que E. O. Wright, pese a no desarrollar esta idea, entrega elementos que nos permiten suponer que el acceso a crédito puede nivelar la cantidad de bienes entre capitalistas. En otras palabras, el capitalista que tiene pocos bienes puede pedir un crédito, endeudarse, y así poder nivelar la cantidad de bienes del capitalista más grande. Esto es fundamental, porque la acción del crédito sería la de emparejar las cantidad de los bienes, mientras que el modelo de Roemer que Wright sigue necesita que la explotación entre productores se base en relaciones entre productores con distintos grados o cantidades de bienes de capital.
[10] Para la distinción entre ambos tipos de sociedades ver cuadro en la página siguiente.
[11] Desarrollamos el punto del mercado como espacio de intercambio en el paper “Elementos fundamentales del aporte de Marx para el análisis de clases”.




ANEXO: CUADROS





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