a.- Cuestiones preliminares.
Sintetizar la obra de Marx no es algo sencillo. Lo haremos aquí con el fin de exponer la epistemología marxista y, gracias a ello, las principales categorías de análisis que nos puedan ayudar a dar cuenta de cómo, desde Marx, podemos concebir a la sociedad y a las clases que las constituyen.
Una obra que, al decir del filósofo estructuralista Louis Althusser, se convirtió en una especie de “discurso del método” del materialismo histórico es la “Introducción general a la crítica de la economía política”, escrita en 1857. Éste es tal vez el único texto sistemático de Marx que contienen tanto el desarrollo de un análisis de las categorías y método de la economía política, como así también la enunciación de la ley general de las formaciones económicas sociales, base de la concepción del materialismo histórico. Aquí encontramos criterios de construcción de un modelo de las formaciones económico sociales, el cual es desarrollado por Marx bajo la dirección que va de “lo abstracto a lo concreto”. La cita, un poco extensa, es a mi juicio suficientemente clara respecto del método epistemológico de Marx:
“Parece justo comenzar por lo real y lo concreto, por el supuesto efectivo; así, por ej., en la economía, por la población que es la base y el sujeto del acto social de la producción en su conjunto. Sin embargo, si se examina con mayor atención, esto se revela [como] falso. La población es una abstracción si se deja de lado, por ej., el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos últimos suponen el cambio, la división del trabajo, los precios, etc. El capital, por ej., no es nada sin trabajo asalariado, sin valor, dinero, precios, etc. Si comenzara, pues, por la población, tendría una representación caótica del conjunto y, precisando cada vez más, llegaría analíticamente a conceptos cada vez más simples: de lo concreto representado llegaría a abstracciones cada vez más sutiles hasta alcanzar las determinaciones más simples”.
MARX, 1971a: 21.
(Cursivas mías O.B.)
Se parte por asumir el caos social para analizarlo de forma cada vez más precisa, alcanzando conceptos, abstracciones, cada vez más sutiles y especificas. Si embargo, aquí falta el paso más importante que Marx denomina el “viaje de retorno”:
“Llegando a este punto, habría que reemprender el viaje de retorno, hasta dar de nuevo con la población, pero esta vez no tendría una representación caótica de un conjunto, sino una rica totalidad con múltiples determinaciones y relaciones”.
IBÍD.
De este modo, lo concreto es la “síntesis de múltiples determinaciones”, vale decir, “unidad de lo diverso” (Ibíd.). Lo concreto es una reconstrucción del pensamiento, no una mera representación abstracta. Con esto, Marx sostiene que es necesario el esclarecimiento de estas categorías abstractas para lograr la reconstrucción de las formaciones sociales específicas.
Precisamente, esta metodología de lo abstracto a lo concreto es una de las claves para entender la forma en que se estructura el tomo I de “El Capital”. En dicha obra, sin dudas la más importante de Marx, se van desglosando categorías abstractas para poder dar cuenta de lo concreto, que es la formación económica social específicamente capitalista.
Ahora bien, los elementos “abstractos” hay que entenderlos como elementos presentes en todas las sociedades en general, sean capitalistas o no. El método consiste en transformarlos en conceptos o categorías específicamente capitalistas. Por ejemplo, la mercancía, el mercado, el dinero, el trabajo, etc., son categorías abstractas, elementos estructurales presentes en todas las sociedades humanas. De esta forma, es preciso desarrollarlas y volverlas concretas, es decir, determinar los elementos particulares de tales categorías en el capitalismo.
Por ello, al hablar de una estructura de clases propiamente capitalista, debemos exponer los elementos estructurales abstractos para luego expresar lo propio del capitalismo. Dos de esos elementos estructurales abstractos que queremos desarrollar aquí son el “trabajo en general” y el “modo de producción”. (Bidet: 2006).
Ambas categorías son supuestos antropológicos y sociológicos abstractos. El trabajo en general es un tipo de actividad, una forma de relación entre hombre y naturaleza en el afán de proveer satisfacción a sus propias necesidades, mientras que el modo de producción se revela como relación social (Ibíd.: 221). En “El Capital”, comenzando el Capítulo V, Marx comienza desarrollando la idea de la actividad del trabajo en general en tanto relación hombre-naturaleza:
“El trabajo es, en primer término, un proceso entre la naturaleza y el hombre, proceso que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción su intercambio de materias con la naturaleza”.
MARX, 2001: 130.
No obstante, este “trabajo en general” no es exclusivo del capitalismo, sino que ha estado presente de diversas maneras a lo largo de la historia. Lo importante para nosotros es que la actividad del trabajo no es individual, como la formación social construida por Robinson, sino que implica relaciones sociales de producción.
“(…) tan pronto como los hombres trabajan los unos a los otros, de cualquier modo que lo hagan, su trabajo cobra una forma social”.
ÍBID.: 37
(Cursivas del autor)
Pero, además, el trabajo es fundamental como categoría abstracta, pues es ésta la que permite explicar la creación de la riqueza. En la obra ya citada “Introducción general a la crítica de la economía política”, Marx escribe:
“Un inmenso progreso se dio cuando Adam Smith rechazó todo carácter determinado de la actividad creadora de riqueza considerándola simplemente como trabajo; ni trabajo manufacturero, ni trabajo comercial, ni agricultura, sino tanto lo uno como lo otro. Con la universalidad abstracta de la actividad creadora de riqueza, se da al mismo tiempo la universalidad del objeto determinado como riqueza, como producto en general, o, una vez más, como trabajo en general, pero como trabajo pasado, materializado”.
MARX, 1971a: 25.
El trabajo como fuente de creación de riqueza o de valorización se basa en la acumulación de valores necesarios para los procesos de producción. Más adelante explicaremos esto, pero digamos ahora que el precio de un determinado producto está dado por el valor acumulado de los medios de producción y precios del salario de los obreros empleados para producirlo más un excedente, es decir, trabajo acumulado más un extra-valor ¿Cómo es el proceso que genera este excedente, que es la base de la ganancia capitalista (plusvalía)? Precisamente esa es la clave del análisis de Marx. Se trata de un valor excedente dado a partir de la explotación de la fuerza de trabajo.
De esta forma, el trabajo en general no es el trabajo propiamente capitalista, puesto que la especificidad del capitalismo lleva a la particularidad del trabajo asalariado. La forma de la fuerza de trabajo como mercancía, es decir, lo específicamente capitalista es la puesta en escena en un mercado de un comprador y un vendedor de fuerza de trabajo, donde el comprador (el capitalista) obtiene una ganancia, un excedente de valor.
Por otra parte, el “modo de producción” implica la manera en que una formación social y económica produce, intercambia, distribuye y se consumen los bienes socialmente necesarios para la reproducción de esa formación histórica social. Como es sabido, el modo de producción se constituye por la articulación de las fuerzas productivas con las relaciones sociales de producción.
En otra de sus célebres obras, nos referimos al Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política”, Marx escribió un conocido pasaje:
“En la producción social de su existencia, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se eleva un edificio jurídico y político y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política y espiritual en general”.
MARX, 1971b: 35.
(Cursivas mías O.B.)
La categoría del “modo de producción” se constituye explícitamente como eje de análisis de las formas de sociedad de clase, sucedidas históricamente. Además, la categoría abstracta de modo de producción se devela en toda su importancia en la medida en que reconoce que la propiedad de los medios de producción se convierte en el pivote del poder y del principio de la división social del trabajo y las consiguientes relaciones sociales de producción. Este concepto remite entonces al hecho de que toda sociedad, es decir, toda forma económico-social, se constituye sobre la base de sus relaciones con los medios de producción, relaciones sociales no igualitarias, sino que de clases, esto es, antagónicas. La sociedad capitalista o, lo que es lo mismo, el modo de producción capitalista representa el último eslabón histórico de dicho proceso de constitución social en base al antagonismo de clase:
“Las relaciones burguesas de producción son la última forma antagónica del proceso social de producción; antagónica no en el sentido de un antagonismo individual, sino de un antagonismo que proviene de las condiciones sociales de vida de los individuos.
IBÍD.: 36.
Pero, además, este pasaje del Prólogo de la “Contribución a la crítica de la economía política” nos revela que el conjunto de estas relaciones de producción determinadas por la propiedad (o carencia de propiedad) de los medios de producción no sólo establecen una división social del trabajo, sino que, además, todo el edificio jurídico e ideológico que, con posterioridad, el marxismo estructuralista desarrolló como la relación entre base y superestructura.
De este modo, el modo de producción implica, en función de la naturaleza particular de los medios de producción, una división del trabajo que define las condiciones del gasto y del consumo de la fuerza de trabajo, la naturaleza y el destino de los valores de uso producidos, así como también implica determinaciones jurídicas, políticas, ideológicas.
Podemos señalar entonces que es, precisamente, a causa de su inscripción en un modo de producción específico que el proceso de trabajo bajo el capitalismo no se puede reducir al proceso de trabajo en general (Bidet, op.cit: 164). Lo decisivo, estaría en que toda formación social, todo modo de producción, posee estos elementos estructurales, pero habría que dar con lo específico del capitalismo y, en nuestro caso también los criterios claves de la estructura de clases en las sociedades capitalistas.
b.- Mercado y trabajo asalariado.
A partir de la Sección Segunda del tomo I de “El Capital”, llamada “La transformación del dinero en Capital”, Marx enseña que la circulación de mercancías es el punto de arranque. Pone al “mercado” como un supuesto histórico necesario para la sociedad capitalista, aunque, como toda categoría “abstracta”, no es exclusivo de la sociedad capitalista:
“La producción de mercancías y su circulación desarrollada, o sea, el comercio, forman las premisas históricas en que surge el capital.”
MARX, 2001: 103.
(Cursivas del autor)
Tal y como sucede con otros conceptos antropológicos abstractos (trabajo en general, modo de producción, etc.), Marx demuestra que el mercado está presente en cualquier forma económico-social como contexto necesario para el intercambio. Como vemos, es parte del método de Marx ir de lo abstracto a lo concreto, es decir, de lo general y presente en todo tipo de sociedad, a lo exclusivo de la sociedad capitalista. De esta manera, el punto que nos interesa es situar lo propio del sistema capitalista, lo específico de la sociedad burguesa. Los dos ciclos de la circulación de mercancías, el ciclo simple M – D – M y el ciclo D – M – D, son parte de un pasaje clave donde Marx logra explicar y poner en escena al proceso de compra y venta de la fuerza de trabajo en el mercado.
Pero, vayamos por orden. Marx enseña que ambos ciclos se desdoblan en las mismas dos fases contrapuestas: M – D, venta, y D – M, compra. En ambos se enfrentan dos elementos, mercancía y dinero, lo que reviste una extrapolación a personas cumpliendo funciones distintas, la de vender y la de comprar.
Para Marx, el ciclo de circulación simple (M – D – M) comienza con la mercancía y cierra con la mercancía, teniendo por tanto como finalidad la satisfacción de necesidades o, simple y llanamente, el valor de uso (Ibíd..: 106). Por el contrario, el ciclo D – M – D comienza con el dinero y termina con dinero, convirtiéndolo en un ciclo determinado por la finalidad del valor de cambio.
Ahora bien, en este punto Marx señala que el ciclo M – D – M se inicia con una mercancía y termina con una mercancía, pero no lo misma. Hay una diferencia cualitativa entre la mercancía del comienzo y la del final. Marx ejemplifica con el trigo y un traje de vestir. Se vende trigo, se obtiene dinero y se gasta en la compra de un traje (o de cualquier otra cosa).
Por el contrario, el proceso D – M – D implica una diferencia cuantitativa. Se comienza con dinero, se compra una determinada mercancía para venderla y obtener nuevamente dinero, pero esta vez, más dinero que el inicial. Marx señala que la formula completa de este proceso es: D – M – D’, donde D’ = D + DD, vale decir, una suma de dinero desembolsada más un incremento (Ibíd.). Vemos aparecer aquí, por primera vez, la presentación de la plusvalía. Es esto lo propio del capitalismo y lo que Marx analizará en los pasajes siguientes de su obra.
El capital y la persona poseedora de éste, el capitalista, viven dentro de la circulación, entendiendo por esta última idea el infinito movimiento de mercancías no para ser gastadas, es decir, no para ser consumidas en tanto valores de uso, sino que para ser intercambiadas por su equivalente, la mercancía dinero. El capitalista busca la riqueza abstracta, a diferencia del “atesoramiento”[1]. Y esto lo consigue lanzando su dinero una y otra vez al flujo circulatorio infinito del ciclo D – M – D. Marx es enfático al sostener que el valor de uso no puede ser considerado como la finalidad del capitalista, pues a éste le da lo mismo la mercancía que produce, teniendo en cuenta única y exclusivamente la producción de mercancías para ser intercambiadas en el mercado por su equivalente en dinero.
No obstante, Marx profundiza estas conclusiones presentando un problema adicional: no puede haber lucro por el simple motivo de la equivalencia. Es decir, la mera circulación de mercancías a través del equivalente del dinero no explica la aparición de la plusvalía.
“En su forma pura, el cambio de mercancías es siempre un cambio de equivalentes y, por tanto, no da pie para lucrarse obteniendo más valor”.
IÍBID.: 113.
(Cursivas del autor)
Marx desecha de plano las explicaciones vulgares que dan cuenta de la plusvalía como el resultado de comprar barato o vender más caro. El capitalista no es sólo un vendedor de mercancías, sino que es también un comprador, por tanto, si los capitalistas venden caro sus productos estos precios se reflejan a la hora de suministrarse los medios de producción (maquinarias, materias primas). Por tanto, no hay ganancia, sino sólo compensación de precios; lo que gana vendiendo caro se compensa en el momento de ir a comprar medios de producción a otro capitalista, el cual, desde este modelo, le vende caro.
“La creación de la plusvalía y, por tanto, la transformación del dinero en capital, no puede, como se ve, tener su explicación en el hecho de que el vendedor venda las mercancías por más de lo que valen o el comprador las adquiera por menos de su valor”
ÍBID.: 116.
(Cursivas del autor)
En efecto, tal y como señala Marx, no es desde el modelo puro de la circulación de mercancías como intercambio entre equivalentes donde se forma la plusvalía.
“En su forma pura, el proceso de circulación de mercancías presupone el intercambio de equivalentes. Sin embargo, en la realidad las cosas no se presentan en toda su pureza. Partamos pues del intercambio de no equivalentes.”
ÍBID.: 115.
(Cursivas del autor)
Creemos que en este punto, Marx deja de lado la exposición “lógica” para pasar a otro nivel, incorporando elementos “externos” a la circulación de mercancías[2]. Los “títulos jurídicos” o la simple y llana “violencia” aparecen aquí como elementos esenciales para la explicación de la producción de la plusvalía. Con ello, Marx deja atrás las explicaciones de los modelos puros de la economía burguesa y da las bases de la economía propiamente política.
Digámoslo de la manera más concreta posible: la plusvalía brota, al menos en parte, de algo que está por fuera de la circulación. El mercado, como contexto o espacio de la circulación e intercambio, no resulta por sí mismo satisfactorio para explicar la plusvalía. Aquí, la explicación de Marx está en el límite; al mismo tiempo dentro y fuera de la circulación.
“Como se ve, el capital no puede brotar de la circulación, ni puede brotar tampoco fuera de la circulación. Tiene necesariamente que brotar en ella y fuera de ella, al mismo tiempo”
ÍBID.: 120.
De esta forma, las transformaciones del dinero en capital deben investigarse a partir de leyes propias del cambio de mercancías, tomando como punto de partida el cambio entre equivalentes, así como, al mismo tiempo, encontrar elementos fuera de la órbita de la circulación. En una célebre frase hacia el final capítulo IV, Marx nos invita a salir mercado u órbita de circulación para adentrarnos al oculto taller de la producción de plusvalía.
Paralelamente a esto, en este decisivo punto de su exposición, Marx prosigue con el análisis de la circulación de mercancías, pero hace aparecer una mercancía especial, diferente a cualquier otra. Se trata de la mercancía “fuerza de trabajo”.
Por tanto, no es ni el dinero, ni la reventa de la mercancía, lo que hace brotar la plusvalía (Ibíd.). El dinero como medio de compra y pago sólo realiza el precio de mercancía que se compra o se paga, manteniéndose inalterable como medio equivalente, sin aumentar la magnitud del valor. Tampoco es la reventa de la mercancía, pues ello sólo convierte nuevamente la mercancía en dinero equivalente, sin aumentar valor.
“Por tanto, la transformación tiene necesariamente que operarse en la mercancía comprada en la primera fase, D – M, pero no en su valor, puesto que el cambio versa sobre equivalentes y la mercancía se paga por lo que vale. La transformación a que nos referimos sólo puede, pues, brotar de su valor de uso como tal, es decir, de su consumo.”
ÍBID.: 121.
(Cursivas del autor)
La fuerza de trabajo es aquella mercancía que, dentro de la órbita de la circulación, es usada, esto es, es consumida en su “valor de uso” en tanto aplicación de cerebro, músculos, esto es, “condiciones físicas y espirituales” que se dan en el cuerpo y subjetividad del trabajador. Tal y como veremos, según Marx la fuerza de trabajo es la única mercancía que posee la característica de ser “fuente de valor”. En otras palabras, el uso de la mercancía fuerza de trabajo produce la plusvalía.
Ahora bien, Marx señala que para que el poseedor del dinero, el capitalista, encuentre y compre la fuerza de trabajo en el mercado, la órbita de la circulación y de los ciclos M – D – M y D – M – D deben darse una serie de condiciones. La fuerza de trabajo aparecerá como mercancía sólo cuando sea ofrecida y vendida como una mercancía por su propio poseedor.
Con esto, la primera condición es la igualdad en el plano jurídico de quien vende y quien compra. Ambos son poseedores de mercancías: uno de la mercancía dinero y el otro de la mercancía fuerza de trabajo. La segunda condición es que el poseedor de la fuerza de trabajo no tenga otra mercancía más que ofrecer que su fuerza de trabajo.
De este modo, Marx da a entender que la “igualdad” jurídica implica una doble lectura. Por un lado, son personas jurídicamente iguales que salen a su encuentro de intercambio en el mercado. Por otro lado, el poseedor de la fuerza de trabajo es “libre” en tanto por ello se entienda libre de los medios de producción, materias primas, instrumentos de trabajo, etc. Por esto mismo, el poseedor del dinero va a mercado a encontrarse con el “obrero libre”:
“(…) libre en un doble sentido, pues de una parte ha de poder disponer libremente de su fuerza de trabajo como de su propia mercancía, y, de otra parte, no ha de tener otras mercancías que ofrecer en venta, ha de hallarse, pues, suelto, escotero y libre de todos los objetos necesarios para realizar por cuenta propia su fuerza de trabajo”
ÍBID.: 122.
(Cursivas del autor)
Aquí es donde nosotros estableceremos la cuestión esencial de la estructura de clases en Marx. En efecto, las clases sociales aparecen en el escenario del mercado como poseedoras de mercancías y como entidades formalmente libres, pero donde esta libertad esconde una desigualdad de hecho: unos poseen dinero y medios de producción otros, simplemente, su fuerza de trabajo. Es el trabajo asalariado y el modo de producción edificado en torno a éste, lo que caracteriza a la sociedad burguesa y la diferencia de otras etapas de la historia.
c.- Modo de producción capitalista basado en la explotación de la fuerza de trabajo.
Todas las mercancías poseen valor. La fuerza de trabajo también, pero, además, produce un valor, un excedente, que es la plusvalía. Marx trata este doble asunto de la siguiente manera.
El valor de la fuerza de trabajo, al igual que toda mercancía, está determinado por el tiempo de trabajo necesario para su producción. En este caso, Marx se está refiriendo al valor de los medios de vida necesarios para asegurar la subsistencia de su poseedor, el obrero. Más específicamente, se trata de medios de vida que aseguren la perpetuación de la vida del obrero, así como de los hijos de éste. Marx es enfático en sostener que el volumen de estas necesidades está socialmente determinado, por tanto, es un “producto histórico”:
“(…) [El tiempo de trabajo socialmente necesario] depende, por tanto, en gran parte, del nivel de cultura de un país y, sobre todo, entre otras cosas, de las condiciones, los hábitos y las exigencias con que se haya formado la clase de los obreros libres”
ÍBID: 124.
En una época y periodo del tiempo determinada, la suma media de los medios de vida necesarios del obrero y de sus descendientes constituye un factor fijo. Desde este punto de vista, el límite mínimo del valor de la fuerza de trabajo implica la masa de mercancías indispensables para la supervivencia de la clase obrera.
Aquí es donde Marx presenta otra importante aclaración: no es simplemente el trabajo, sino la fuerza de trabajo lo que el obrero vende a capitalista. Este último paga un salario que le permite sobrevivir y perpetuar su fuerza de trabajo, esto es, el ejercicio efectivo del trabajo, el trabajo como valor de uso o, tal y como también le gusta decir a Marx, el trabajo vivo.
La plusvalía se genera en la producción o, para ser más específicos, en el proceso del trabajo productivo. De hecho, en ciertos pasajes de otra de sus obras, más específicamente en el Capítulo IV de “Teorías sobre la plusvalía”, Marx ocupa la distinción entre trabajo productivo y trabajo improductivo para presentar este mismo problema. Nuestra lectura es que esta distinción entre trabajo productivo e improductivo trabajada en esta obra menor de Marx no es otra cosa que el tratamiento de la categoría del trabajo en general y del trabajo asalariado, donde Marx, nuevamente, va desde lo abstracto a lo concreto, desde lo que está presente en toda formación económico-social a lo que es específico del capitalismo. De este modo, el trabajo en general no es productivo y sólo lo será (es decir, dejará de ser simple trabajo general para ser trabajo asalariado) cuando estemos en el seno mismo del sistema capitalista, vale decir, cuando estemos frente al trabajo como productor de plusvalía.
“El trabajo productivo (…) es trabajo asalariado que, cambiado por la parte variable del capital (la parte del capital que se destina a salarios), reproduce no sólo dicha porción del capital (o el valor de su propia fuerza de trabajo), sino que además produce plusvalía para el capitalista. Sólo de esa manera la mercancía o el dinero se convierten en capital, se producen como capital”.
MARX, 1974: 129.
Sólo es productiva la fuerza de trabajo que crea un valor mayor que excede el suyo propio o, en otros términos, cuando produce un valor más allá del “trabajo necesario”. Con ello, la “producción” –definida ya anteriormente a propósito del concepto “modo de producción”– es otro concepto general abstracto que debe ser puesto en perspectiva específica capitalista.
Lo propio del capitalismo sería intensificar la productividad a partir de la base de la explotación sobre la fuerza de trabajo, sobre el trabajo vivo. En el proceso del trabajo asalariado, el capitalista se adueña de mercancías, específicamente, de la fuerza de trabajo, así como de los medios de producción (instrumentos de trabajo, materias primas) para generar una nueva mercancía que vender, un valor de uso con el cual obtener dinero. El proceso de trabajo absorbe los medios de producción (valores de uso productos de trabajos anteriores), convirtiéndose en materiales para el trabajo vivo, es decir, objetos que son transformados por la fuerza de trabajo en un nuevo objeto, un producto o, lo que es igual, un valor de uso[3].
Todos estos elementos que entran en el taller del capitalista, medios de producción y fuerza de trabajo, son propiedad de éste. El producto final es propiedad del capitalista y no de su productor directo, el obrero.
“El proceso de trabajo es un proceso entre objetos comprados por el capitalista, entre objetos pertenecientes a él. Y el producto de este proceso le pertenece, por tanto, a él, al capitalista (…).”
MARX, 2001: 137.
(Cursivas del autor)
Y esto es así, porque, como ya señalamos, el obrero vende su fuerza de trabajo al capitalista. Su trabajo puesto en acción, su fuerza de trabajo, es del capitalista, por tanto, lo producido por esta fuerza, la mercancía final, es del capitalista.
No obstante hay que notar que esta fuerza de trabajo es ejercida en un espacio de tiempo, de horas diarias determinadas. El punto principal de cómo Marx explica la plusvalía tiene que ver, precisamente, con esto. El uso que el capitalista hace de la fuerza de trabajo, nos señala Marx, encierra no sólo el tiempo de trabajo necesario para su reproducción vital, sino que un excedente, donde todo este proceso se da dentro de un determinado espacio y tiempo bajo control capitalista.
En efecto, este proceso sólo puede darse en el tiempo que el capitalista compra al trabajador para hacer uso de su fuerza de trabajo. En otras palabras, dicho proceso se da en la jornada de trabajo.
“(…) la plusvalía sólo brota mediante un exceso cuantitativo de trabajo, prolongando la duración del mismo proceso de trabajo (…)”.
ÍBID.: 137.
(Cursivas del autor)
Toda mercancía vale igual al tiempo socialmente necesario para producirlo. Esta es una cuestión que los economistas burgueses ya habían descubierto. Lo importante para nosotros aquí es que la mercancía trabajo comprada por el capitalista, la fuerza de trabajo, también vale un tiempo socialmente necesario para producir su subsistencia. El salario, dinero retribuido a cambio de la venta de la fuerza de trabajo, es lo suficiente para reproducir la vida del obrero. Es este es el valor del proletariado: lo suficiente para reproducir su vida y la de los suyos.
Como ya señalamos, esta compra y venta de la fuerza de trabajo es por un tiempo dentro del cual el trabajador trabaja y le pagan. Al capitalista le interesa que el trabajador trabaje, produzca, pero, desde el comienzo, el trabajador debe primero producir su salario o, lo que es lo mismo, producir lo que le costó al capitalista. Al capitalista le interesa que el trabajador produzca primero lo suficiente para recuperar lo invertido en él y en los medios de producción. Luego, una vez cubierta esta cuota, al capitalista le interesa que el trabajador produzca un excedente, algo más para echarse al bolsillo.
De esta manera, tenemos que la jornada del trabajo implicará entonces: i) tiempo socialmente necesario en que se produce los medios de reproducción de la vida del obrero y los suyos; ii) tiempo excedente en que, una vez, producido lo suyo, el trabajador trabaja un excedente, un plustrabajo que lleva a un plusvalor.
La plusvalía o plusvalor aparece cuando se aminora el tiempo necesario para la vida del obrero (lo que se cubre trabajando determinada cantidad de tiempo para producir lo suficiente para prolongar su vida) y, por tanto, se acrecienta el trabajo excedente.
A mi juicio, esto implica tener en cuenta una cuota de producción que sirva como parámetro de lo invertido por el capitalista en medios de producción y fuerza de trabajo. Vayamos por parte.
Durante este proceso de trabajo enmarcado dentro de la jornada laboral, los medios de producción que el trabajador ocupa no añaden ningún valor nuevo, sino que sólo se dedican a transferir su propio valor a la nueva forma del producto. Por ejemplo, el valor de un par de botas equivale al trabajo acumulado del cuero, telas, botones, tapillas, máquinas, etc., es decir, de los medios de producción gastados en su producción.
“(…) los medios de producción no pueden jamás añadir al producto más valor que el que ellos mismos poseen independientemente del proceso de trabajo al que sirven”
ÍBID.: 155.
(Cursivas del autor)
Pero, obviamente, al capitalista no le interesa vender las botas a partir de la suma de los valores de los medios de producción más el valor del salario del trabajador, sino que por algo más de dinero. Si el capitalista vende su producto al mismo valor que lo que cuestan los medios de producción necesarios para su fabricación entonces este capitalista no gana nada.
En esta parte Marx nos enseña que sólo la fuerza de trabajo es la mercancía que entra en el proceso de producción y añade nuevo valor al producto. El obrero, en el proceso de su trabajo productivo, conserva el valor de los medios de producción, pero añade su propio trabajo vivo, su fuerza de trabajo puesta en acción, la cual permite exceder el valor de la suma de los medios de producción y de su propio salario. En efecto, la fuerza de trabajo genera plusvalía cuando agrega más valor del que ya está en los medios de producción y en el salario.
Es así como el capital se compone de dos tipos: i) capital constante o inversión en medios de producción; ii) capital variable o inversión en fuerza de trabajo.
La parte constante del capital consistente en lo invertido en medios de producción no agrega valor nuevo más que el suyo propio. En cambio, la parte de capital invertida en salarios sí agrega valor, por ello su nombre de capital variable, justamente porque se sostiene sobre la fuerza de trabajo, fuerza que agrega más valor de lo que ella misma vale, es decir, de lo invertido en salario. Este valor excedente es, como vimos, a partir de acrecentar el tiempo de trabajo excedente. El plustrabajo crea plusvalía; es así como el capital se transforma en plusvalía, explotando a la fuerza de trabajo.
Este capital se convertirá en plusvalía cuando las dos formas inversión de capital (constante y variable) le permitan al burgués obtener dinero excedente, una ganancia neta. Ahora bien, la plusvalía se relaciona directamente con la forma del capital variable a partir de la explotación de la fuerza de trabajo en la jornada laboral, es decir, del plustrabajo. En tanto el capital variable puede crecer o bien disminuir, al capitalista le interesará acrecentar el tiempo de trabajo excedente, es decir, aumentar el plustrabajo en desmedro del trabajo necesario.
De esta manera, Marx señala que la jornada de trabajo –que no es otra cosa que el espacio de tiempo donde el trabajo comprado por el burgués se pone en acción – no es una magnitud constante, sino variable. En tanto suma de trabajo necesario y trabajo excedente, la jornada laboral no es algo que pueda determinarse a priori, sino a partir de elementos externos o, simple y llanamente, sociopolíticos.
“Una de las dos partes que la integran [a la jornada de trabajo] se halla condicionada por el tiempo de trabajo requerido para la reproducción continua del propio obrero, pero su duración total cambia al cambiar la longitud o duración del trabajo excedente”.
ÍBID: 178.
(Cursivas mías O.B.)
“Por eso, en la historia de la producción capitalista, la reglamentación de la jornada de trabajo se nos revela como una lucha que se libra en torno a los límites de la jornada; lucha ventilada entre el capitalista universal, o sea, la clase capitalista, de un lado, y de otro el obrero universal, o sea, la clase obrera”.
ÍBID.: 180.
(Cursivas del autor)
En torno a desarrollar esta problemática de la jornada de trabajo y de su relación con la extracción de plusvalía, Marx distingue dos conceptos esenciales: i) plusvalía absoluta y ii) plusvalía relativa. Ambas son formas de ganancia capitalista, pero, más allá de eso, son métodos de administración de la fuerza de trabajo que posee la burguesía para aumentar el grado de explotación y acrecentamiento del plustrabajo.
Mientras la “plusvalía absoluta” consiste en aumentar la masa de plusvalía mediante el alargamiento de la jornada de trabajo, la “plusvalía relativa” consiste en aumentar la masa de plusvalía disminuyendo el valor de la fuerza de trabajo a partir de aumentar las fuerzas productivas[4]. Cuando la fuerza productiva del trabajo aumenta y la jornada laboral se mantiene constante, el tiempo en que el obrero trabaja para reproducir su fuerza de trabajo se reduce y la masa de plustrabajo aumenta.
“La producción de plusvalía absoluta se consigue prolongando la jornada de trabajo más allá del punto en que el obrero se limita a producir un equivalente del valor de su fuerza de trabajo y haciendo que este plustrabajo se lo apropie el capital. La producción de plusvalía absoluta es la base general sobre que descansa el sistema capitalista y el punto de arranque para la producción de plusvalía relativa. En ésta, la jornada de trabajo aparece desdoblada de antemano en dos segmentos: trabajo necesario y trabajo excedente. Para prolongar el segundo se acorta el primero mediante una serie de métodos, con ayuda de los cuales se consigue producir en menos tiempo el equivalente del salario. La producción de plusvalía absoluta gira toda ella en torno a la duración de la jornada de trabajo; la producción de plusvalía relativa revoluciona desde los cimientos hasta el remate los procesos técnicos del trabajo y las agrupaciones sociales.”
ÍBID.: 180.
(Cursivas mías O.B)
La plusvalía absoluta es apenas uno de los procedimientos de los cuales se valen los capitalistas para intensificar la explotación de los obreros. Podríamos decir que es la más despótica de las formas de explotación. El método de la plusvalía absoluta alcanzó su máxima difusión en los estadios iniciales del capitalismo, cuando en las empresas predominaba aún el trabajo manual. La clase obrera, con su tenaz lucha por la reducción de la jornada de trabajo, logró que, por ley, se limitara considerablemente en los países capitalistas avanzados[5].
La producción de plusvalía relativa es otro medio de aumentar el grado de esta explotación del capitalista sobre el trabajo asalariado. Podríamos decir que, no es despótica, sino mucho más racional que la anterior y surge cuando apareció y se desarrolló la gran industria maquinizada, momento en que resultó posible aumentar la plusvalía incrementando la productividad del trabajo. La racionalización y eficiencia de la productividad disminuyó el tiempo socialmente necesario y aumentó el plustrabajo.
En distintos capítulos hacia el final de “El Capital”, Marx demuestra tres métodos con los cuales el capitalismo profundiza el proceso de racionalización de la explotación de la fuerza de trabajo. Estos métodos de plusvalía relativa son: 1) la cooperación o multiplicación de la productividad mediante una colaboración simultánea de muchos hombres con arreglo a un plan. El fordismo o taylorismo y, posteriormente, los métodos postfordistas, incluyendo los más recientes, recaen en esta categoría de management capitalista. 2) la división del trabajo, tal y como hasta 1770 se desarrolló en el período manufacturero. 3) La maquinaria, con la ayuda de la cual la gran industria se viene desenvolviendo.
[1] “(…) El dinero, aquí, no se alza polémicamente contra la mercancía, como en el atesoramiento. El capitalista sabe que todas las mercancías, por despreciables que parezcan o por mal que huelan, son, por su fe y su verdad, dinero” (Ibíd..: 110).
[2] Esto ha dado pie para una extensa discusión entre exegetas que no podemos abordar aquí. Ciertas lecturas señalan que Marx fue exponiendo de manera lógica-dialéctica estos puntos hasta dar con una explicación de la plusvalía. Por el contrario, otros señalan que, en este preciso punto, Marx rompe con la dialéctica y propone una ruptura para incorporar elementos sociopolíticos como claves para su explicación. Para una detallada exposición y problematización de estos puntos véase el texto de Bidet, op.cit.
[3] Al respecto, más adelante veremos que el tipo de mercancía de la cual se trate es totalmente indiferente. De hecho, en un pasaje de “El Capital”, Marx señala que el servicio educativo de un profesor sería “productivo” si el trabajo que ejerce sobre la mente de los niños beneficia de alguna u otra manera al capitalista.
[4] Las fuerzas productivas son los medios de producción, elementos de origen natural tales como la tierra, aire, agua, bosques, etc. así como las herramientas o instrumentos construidos por el hombre. A ello debemos incluir también todos los procedimientos laborales, el agrupamiento de los obreros en fábricas o talleres y luego en complejos industriales, la división del trabajo y su racionalización, entre otros. De esta manera, la ciencia interviene en la formación de las fuerzas productivas.
[5] Hoy, la burguesía monopolista procura obtener plusvalía absoluta recurriendo en gran escala a los trabajos realizados en horas suplementarias, estableciendo una jornada de trabajo extraordinariamente prolongada para gran parte de los obreros, así como elevando en gran medida la intensidad del trabajo.
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