miércoles, 30 de noviembre de 2011

“¿Traición de la clase política? La tesis de Micco y las lecciones de la ACES”

Texto publicado en el diario electrónico El Irreverente
http://elirreverente.cl/?p=1881




Llamó la atención ver cómo algunas personas de izquierda rajaron vestiduras frente a la aprobación del presupuesto de educación del año 2012 por parte de la Cámara de Diputados. Digo esto no porque sea algo menor la aprobación del presupuesto; simplemente me llama la atención el que aún muchos piensen que el actual sistema político pudiese ofrecer alguna garantía de solución al conflicto social que ha vivido el país en este año que se termina. Uno de los que están en el coro de dolidos es el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Santiago de Chile (FEUSACH), Camilo Ballesteros, quien catalogó este suceso como una “traición” al movimiento estudiantil, acusando que “tenían un acuerdo” con la clase política, acuerdo que obviamente se frustró[1].

Tal y como lo expresé en una columna anterior, personalmente creo que si algo enseña el movimiento estudiantil es su capacidad de “desborde”, esto es, de desmarque con alianzas político-partidistas, aún cuando sus líderes más emblemáticos sean afines al PC[2]. Este movimiento enseña lo que Gabriel Salazar tanto valora: la crítica a la democracia representativa burguesa y el despliegue de un poder instituyente en el accionar de esta nueva ciudadanía soberana. La capacidad de organización “desde abajo” que desborda el poder instituido es –a mi juicio– uno de los elementos más interesantes del movimiento, al punto que ni siquiera podemos definirlo como netamente “estudiantil” o “juvenil”.

Eso es un elemento a considerar, pero, en tanto ya lo he desarrollado en otro lugar, quiero hablar aquí de otra cosa. Me refiero al viejo dilema de la revolución o el reformismo. Estamos ante la vieja pregunta de Lenin “¿Qué hacer?” Sabemos que el movimiento estudiantil se congelará y llegará con mayores fuerzas el próximo año. Estos meses de espera, deben servir para que vayamos ordenando algunas ideas centrales de análisis.

Comenzaré con la siguiente pregunta: ¿Es realmente una “traición” al movimiento social el que políticos como Alinco, Marinovic y Velásquez hayan votado a favor del presupuesto diseñado por el Gobierno? ¿Alguien creyó que no iba a ser así y que el tema no se arreglaría entre las cuatro paredes del Congreso?

La inmensa mayoría de los políticos son personajes que están por fuera del movimiento y muchos de ellos están intentando simpatizar con las reivindicaciones estudiantiles en busca de créditos personales. Ello es especialmente cierto en muchos de los políticos, especialmente de la Concertación, disidentes incluidos. Que algunos socialdemócratas y progresistas “de buena fe” vengan a darse cuenta que sus políticos toman partido por los lineamientos diseñados en La Moneda es, a esta altura, un indicador de que la conciencia clasista aún está en pañales.

Vale decir, que algunos se sientan “traicionados” por la clase política es porque aún creen en la democracia representativa y aún confían que los cambios políticos se hacen en el Senado y en la Cámara de Diputados. Ello nos lleva a entender que dos décadas de democracia representativa burguesa binominal no han sido aun una lección aprendida. Tómese nota que ni siquiera el Congreso ha logrado la aprobación de la ley de inscripción automática y el voto voluntario, cuestión que se anunció hace más de dos años y medio, pero que al parecer hasta el día de hoy no se ha concretado.

Al respecto, hay una fe devota en el sistema de partidos y en el poder legislativo post-dictatorial que sobrevive como el viejo capital que se hunde con su barco. Se trata de lecturas que, a mi juicio, están fuera de toda lógica, en especial de las formas de organización y accionar político que enseña el movimiento social. Se encargan de re-maquillar viejas formas de entender la participación política,  desestimando los nuevos signos entregados por el movimiento estudiantil.

Una de esas tesis es expuesta por Sergio Micco, académico ligado a la Democracia Cristiana y panelista del programa de TVN “Estado Nacional”. Micco sigue repitiendo la fórmula de la democracia representativa y cree que el movimiento social debe llevar consigo un movimiento masivo de inscripción en los registros electorales.

En una prueba de prístina creencia en el sistema democrático actual, Micco nos señala en una de sus columnas: “si el sistema político chileno aprueba la inscripción automática, en las elecciones municipales del próximo año se podrá jugar el futuro de la educación estatal chilena. Si no se aprueba, será el momento de una masiva campaña cívica de inscripción, como las que hacía el movimiento de los derechos civiles de Estados Unidos o el movimiento chileno de octubre de 1988. Así, en la votación municipal podrían votar millones de jóvenes que, en una proporción de nueve a diez, rechazan el accionar del gobierno en materia educativa. Luego vendrán las elecciones presidenciales y parlamentarias. Estas podrían constituirse en un verdadero plebiscito nacional. Las democracias son justamente semi-representativas o semi-participativas cuando se eligen representantes parlamentarios y, al mismo tiempo, se decide una cuestión que divide al país. Cada elector, al votar por una coalición u otra, podría  expresar su aprobación o rechazo a una determinada idea[3].

¡Pero qué descubrimiento! Micco alucina con haber descubierto la rueda en materias de ciencia política. En el actual sistema electoral estaría la panacea, nada más y nada menos ¿Para qué hacer plebiscito o una nueva Constitución, si tenemos un sistema electoral que funciona tan bien? ¿Para qué inventar algo nuevo, si podemos quedarnos con lo mismo de siempre?

Para Micco, el movimiento social está en un “punto muerto”. Más aún, es de los que sostienen que el descrédito hacia el sistema de partidos es una debilidad del movimiento. Cree en la tesis de un movimiento que se desgasta si no se deja a los políticos y los partidos legislar y lograr acuerdos.

Tal y como él mismo indica: “¿Los partidos políticos dividen a la ciudadanía? Para nada. Es todo lo contario. Los partidos políticos unen a la caótica voluntad popular. Sin partidos políticos habría tres y medio millones de voces y votos entre los jóvenes estudiantes. ¡Todos valiendo lo mismo y teniendo el mismo derecho a hablar y decidir! (…) [Es así como los estudiantes] no confían en los representantes del pueblo puesto que no son representativos políticamente para los jóvenes. No lo son pues no votaron por ellos, ya que abrumadoramente no están inscritos en los registros electorales”[4].

Los niñitos “no están ni ahí” con la política: ¡ese es el problema! Se trata, nada más y nada menos, que de una apología a rostro descubierto del actual sistema “democrático”. Efusivo creyente de los métodos tradicionales, el académico Micco apuesta por canalizar el movimiento social en torno a formas que no funcionaron en 20 años, pero que ahora –a partir de procesos que él no explica– sí funcionarían.

No enfrenta, por ejemplo, el problema del sistema binominal y su problemática relación con la representatividad. Su tesis es clara y directa: se debe delegar las reivindicaciones que se hacen en la calle a los políticos y a los partidos, pues “sin acuerdos institucionales el movimiento estudiantil no sólo no verá alcanzado sus objetivos, sino que puede sufrir una derrota estratégica”[5]. La diversidad y riqueza del movimiento puede, según la tesis de Micco, ser canalizada, atajada, administrada, regulada por el sistema político dibujado binominalmente. Recordemos una frase ya citada: “Cada elector, al votar por una coalición u otra, podría  expresar su aprobación o rechazo a una determinada idea[6]. Es decir, este movimiento de sujetos múltiples, de tendencias multiformes, transformado en una masa de electores, esto es, devenido en una masa de votantes, se puede acoplar al mueble de dos gavetas construido por el binominal.

En el fondo, esta posición es muy cercana a  la de Carlos Larraín, quien ha vociferado su defensa ultranza del actual sistema electoral[7]. Ambos defienden el sistema que favorece a las dos coaliciones –Concertación y Alianza– estructurado como aquello que aquí he llamado la democracia representativa binominal de la post-dictadura. No quieren entender que el movimiento social representa la agonía de una forma de hacer política.

El gran error de la tesis de Micco es el olvido de los secundarios y de las importantes lecciones que este sector hace a la sociedad. Su cálculo es grosero, al punto que la tesis que el sistema electoral permitirá la elección de políticos que –ahora sí– representarán a la voluntad popular, es lisa y llanamente imposible de llevar a la práctica. Ello porque borra del mapa a los secundarios, quienes por cuestiones obvias no pueden votar. Nada más y nada menos que una importante parte del movimiento social –quizás la más rica y problemática para la vieja clase política– es eliminada de la solución vociferada por Micco.

Es muy sintomático este olvido. Podemos parafrasear una consigna algo psicoanalítica: dime qué reprimes y te diré lo que eres. Micco desestima a los secundarios, pero no sólo por el indiscutible hecho de que no tienen la edad para inscribirse en los registros electorales, sino por otro punto más clave que esta obviedad. Nos referimos a que, precisamente, son los secundarios y no la CONFECH los que más alejados están de una orgánica basada en la democracia representativa. Es a ellos a quienes Micco –y sujetos que piensan como él– olvidan o quieren olvidar.

La autogestión y orgánica de los estudiantes agrupados en la Asamblea Coordinadores de Estudiantes Secundarios (ACES) es más horizontal que las federaciones universitarias. Pero, más allá de querer llevar una odiosa comparación, me interesa algo más de fondo.

Se trata de las lecciones que nos deja la ACES. Sin mucho espacio para poder desarrollar todas las complejas aristas que ello trae consigo, me interesa señalar que en la ACES se encuentran características muy opuestas a la democracia representativa: asambleas con mesas horizontales, trabajo comunitario con sectores pobladores y obreros, así como vocerías rotatorias, es decir, sin líderes, ni representantes; sólo voceros. Respecto de esto último, el vocero de la ACES de Talcahuano, Manuel Palma, señaló que “pensamos que cualquier compañero que se movilice debe estar preparado para ser vocero y transmitir lo que las bases les señalan[8].

No olvidemos que el propio gobierno dejó al margen a la ACES en la fallida mesa de diálogo del 3 de Septiembre, por considerarla no representativa, siendo que representan a 560 liceos a nivel nacional (110 colegios en Santiago y 450 liceos en regiones). El vocero de gobierno, Andrés Chadwick, justificó la exclusión de la ACES indicando que se trata de una entidad que “anda a la libre” y “no tiene un liderazgo claro”, siendo ésta “una organización que no tiene estructura, con dirigentes, jerarquías. De repente van unos, de repente van otros, y por lo tanto era difícil (convocarlos)”[9].

La crítica de Chadwick es el enunciado de la ideología de quienes han vivido por años al alero de la democracia representativa binominal. Por el contrario, la ACES posee en sí misma una orgánica y una forma de hacer política diametralmente opuesta. Tal y como señala Manuel Puelma: “La clase política empresarial demostró ser incompetente ante las demandas sociales, porque sus intereses no representan a los de las mayorías. Esto habla de un conflicto no sólo a nivel educacional, sino que con el sistema político privatizador en su conjunto. En este sentido la solución es que la sociedad completa tenga real incidencia en las decisiones que les afectan. Como ya no es posible confiar en la clase política, la autogestión es la soberanía concreta de la gente y a lo largo de todo Chile se han levantado experiencias autogestionadas. Este proceso va en avance y es porque como no podemos quedarnos esperando que el Estado ejecute los cambios, estamos construyendo la alternativa”[10].

Es esta forma de hacer política la que no se encuadra con el actual sistema de democracia representativa. O, para plantearlo de forma más problemática aún: ¿no será que es al revés? Es decir, ¿no será que el sistema de la democracia representativa no se encuadra con las nuevas formas de hacer política que nos enseña la orgánica de las ACES?

En suma, la idea principal que he querido desarrollar brevemente en este lugar es que estamos en un momento donde la crisis del Chilean Way se ve expresada, entre otras dimensiones, en la crisis del sistema político consolidado en las últimas dos décadas. La democracia representativa post-dictatorial, basada en el sistema binominal, se presenta alejada de nuevas formas de organización provenientes de sectores sociales más conscientes, en este caso, los secundarios. Aunque no son los únicos sectores auto-organizados, en el marco del movimiento estudiantil son ellos quienes nos enseñan una importante lección: la diferencia entre lo político y la política, entre la politique y le politique o entre Politik y das Politische[11]. Ensdf su sentido abierto, “lo político” significa el tipo de acción social destinado a la solución de problemas públicos de forma soberana, instituyente, es decir, fuera de toda arquitectura u orgánica institucional basada en partidos que compiten entre sí en el mercado electoral (“la política”). “Lo político” es la acción política con mayúscula, aquella que está lejos de “la política”, entendida como sistema de partidos que buscan el poder político del Estado, en sus ámbitos legislativo y ejecutivo.

Este sistema político nos ve como electores, igual que los burgueses nos ven como consumidores. En ambas dimensiones de lo social –la política y la economía– hemos devenido en entes pasivos. Es el hendido de estas cadenas una de las principales lecciones de la ACES. El cómo organizarse y con qué métodos es otro punto que estos secundarios están enseñando al resto de la sociedad o, al menos, a quien quiera verlos. Aunque sea por un momento para aprender, es hora que se inviertan los papeles y dejen de ser  meros estudiantes para pasar a ser nuestros profesores en materias de organización política.



Santiago 29 de Noviembre de 2011.



[1] “Camilo Ballesteros y presupuesto de Educación: ‘Quienes votaron a favor traicionaron a los estudiantes’ ”, publicado en El Mostrador, 28 de Noviembre de 2011.
[2] No es ni Vallejos, ni Jackson, ni Ballesteros los sujetos de este movimiento. El sujeto de este movimiento no puede definirse a partir de identificar una  posición cómoda desde donde darle una forma coherente, pues desborda la lógica binominalista post-dictatorial. No puede ser limitado por ningún aparato o arquitectura político-jurídica que intente canalizarlo o representarlo. En otros términos, como este es un movimiento que no se guía por la democracia liberal y representativa, ni por el sistema de partidos, el proceso de empoderamiento de actores es multiforme, pues es siempre desde una base infinita de actores. Las “bases” son las que mandan o, lo que es lo mismo, estamos frente a un inequívoco movimiento de masas.
Para mayor desarrollo de este argumento, véase mi columna El factor político clasista del movimiento estudiantil chileno, publicado en El Irreverente, 29 de Octubre de 2011.
[3] Micco, Sergio, “El movimiento social en punto muerto”, publicado en El Mostrador, 2 de Noviembre de 2011.
[4] Micco, Sergio, “¿El pueblo unido avanza sin partidos?”, publicado en El Diario de Cooperativa, 14 de Julio de 2011.
[5] Micco, Sergio, “El movimiento social en punto muerto”, op.cit.
[6] Ibíd.
[7] En una declaración de antología enunciadas en la inauguración del Consejo Nacional de Renovación Nacional, Carlos Larraín señaló: “Como somos realistas, vemos las cosas tal cual son, quizás haya que replantearse el régimen político, que no es lo mismo que revisar a capela el sistema electoral. Hay algunos simplones que creen que todo se debe al sistema electoral”. La verdad es que el régimen político actual depende inexorablemente del sistema binominal, por lo que no entendemos estos dichos. Es como si, efectivamente, pudiese replantearse el sistema político sin tocar al sistema binominal. Para ver los dichos de Larraín, véase:
“Carlos Larraín defendió el sistema binominal y criticó a ‘figuras’ disidentes de RN”, publicado por El Diario de Cooperativa, 26 de Noviembre de 2011.
[8] “La nueva educación de la ACES”, publicado por Metiendo Ruido, el 26 de Noviembre de 2011. http://metiendoruido.com/2011/11/la-nueva-educacion-de-la-aces/
[9] “La Moneda explica porqué no se invitó a la ACES a mesa con Piñera”, publicado por La Nación, Viernes 2 de Septiembre de 2011.
[10] Ibíd.
[11] Marchant, Oliver, “El pensamiento político postfundacional. La diferencia política en Nancy, Lefort, Badiou y Laclau”, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2009.

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